En días pasados Jorge Rumié publicó una columna en la que plantea la posibilidad de que a través de Asobocala se gestione un estudio que diga qué hacer con las mareas altas y el agua de lluvia; y establezca el riego por valorización con el fin de conocer los valores a pagar, y poder otorgar a una concesión la ejecución de las obras y el recaudo de los dineros. Es decir, hacerle by pass al gobierno distrital.
Me gustó esa idea porque podría poner al margen de todo, a la politiquería. Si las empresas suelen trocar impuestos por inversiones públicas en las que tienen interés, ¿por qué los ciudadanos asociados no podrían? Pero no es tan fácil, la politiquería olfatea el dinero como los ratones el queso: no sé cómo, pero de que se meten se meten.
Asumamos, en aras de continuar con el análisis, que los políticos no se meten, y que encontramos, no ángeles, sino arcángeles (guerreros espirituales) capaces de llevar todo este proceso adelante. Propondría entonces que los pagos que se le hagan al concesionario sean descontados del valor a pagar por predial; y que a los que estén en mora con ese tributo, se le reconozcan los pagos como abono a capital, no a intereses como es la práctica comercial.
Nuevamente surge un inconveniente, ¿querrá el concesionario quedarse con la cartera morosa de ese impuesto, es decir, convertirse no en una empresa de obras, sino de abogados cobradores? Y los juicios, ¿sí terminarán en exitosos remates? ¿Y los que están “protegidos” con embargos distritales (*), o por el derecho de familia, qué? No, el sistema falla porque no hay un sistema de cobro eficaz. El pagador tiene que ser el Gobierno, nadie va a meter plata buena a cambio de plata mala. Habría que, además de poner arcángeles como concesionarios, repoblar los tres barrios con ángeles.
Pero, la idea de la concesión sí me parece buena. Aunque un concesionario capta dineros de terceros, no del Gobierno, y paga impuestos, la podemos aplicar, modificada, también al cuidado de jardines, parques, limpieza de caños, y reparcheo de vías, entre muchas otras de impacto comunal. En lugar de tantos contratos a dedo para satisfacer el apetito de politiqueros, se pueden suscribir contratos a corto plazo con empresas (cinco años, por ejemplo) que lleven a cabo esas pequeñas obras por sectores; con veedurías populares y sanciones como las de darlos por terminado unilateralmente, sin indemnización.
Para terminar, quien haya transitado la vía Perimetral, puede observar el peladero que hay en lugar de grama, cuando se podría utilizar la mano de obra ociosa del sector para sembrarla, cuidarla, y construir canchas sintéticas bajo este modelo de contratos de corto plazo.
El trabajo remunerado reduce la delincuencia y aleja del vicio.
(*) NOTA. Es costumbre de los abogados ampararse en que el Distrito no ejecuta los embargos (teniendo la primera opción), para blindarse contra un embargo comercial haciéndose embargar de este.
Miguel Yances Peña*movilyances@gmail.com*Ing. Electrónico, MBA.
