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Conocí al verdadero Carlos Matos Barrero, no el de las revistas del jet set internacional, sino el Carlos Mattos en la confianza de su inmenso núcleo familiar, ya que mi sobrina Bertha Baladí Rodríguez contraía nupcias con uno de su sobrinos preferidos, Eduard Mattos de Castro.

Allí, en esos días festivos por la alegría que la boda suscitaba a las familias, pude ver no solo al hombre espléndido, con una gran inteligencia para hacer dinero (que es de las inteligencias que menos abundan) y crear valores económicos, sino a un hombre cordial, serio, amable, decente y sobre todo muy protector de su círculo familiar. Siempre muy pendiente no solo de sus hijos sino de sus hermanos, sobrinos, en una típica actitud del hombre que es un patriarca.

Mattos Borrero y sobre todo sus abogados, probablemente pudieron equivocarse en el manejo de los temas jurídicos, errar es humano, y deberá ante la justicia demostrar su inocencia o no, de hecho España, país de su segunda nacionalidad, lo ha protegido hasta que se compruebe lo contrario. Pero no satanicen, no sometan al escarnio público a un hombre que ha sido un benefactor notable, un valioso filántropo, ayudando a muchas gentes, produciendo con sus grandes empresas miles de empleos de buena calidad, dejando su estela de buena gente en instituciones, reconstruyendo templos caídos como la Catedral de Cartagena y Barranquilla, el Seminario Mayor de Valledupar, la iglesia vieja de Codazzi, la iglesia de Villanueva en La Guajira. Ha sido destacado colaborador de la Fundación Santa Fe en Bogotá, especialmente en lo que tiene que ver con el cáncer prostático. Colaborador del hospital San Vicente de Paúl en Medellín. Ayudando silenciosamente, sin alharacas a cientos de fundaciones, como sus donaciones multimillonarias a diversas universidades colombianas, entre ellas la universidad del Cesar. Siempre he sostenido que una sola cosa mala, daña muchísimas buenas, y no debería ser así.

Dice Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, sobre Mattos Barrero: “En lo personal he sido testigo de su generosidad, altruismo y solidaridad con respecto a las diversas iniciativas religiosas, culturales y de interés general en tantos lugares del país”.

¿Pero de dónde viene Carlos? Viene de una familia líder en la agricultura del Cesar. Su padre José Bolívar Mattos fue un pionero del cultivo del algodón, con el que hizo fortuna para educar bien a sus hijos.

Casi nadie sabe de su preparación académica, la gente cree que las cosas se recogen en la calle y se dan silvestre. Carlos Mattos fue bachiller del Instituto Jorge Robledo en Medellín (uno de los mejores), es ingeniero industrial de la universidad de Lowell en Massachussets, hizo un MBA en el Babson College de Boston, pasando por la Universidad de Harvard, donde curso una maestría en Ownership President Management.

Gabriel Rodríguez Osoriogabrielrodriguez@ibrinmobiliaria.com 

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