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Columna

El balance político del 2018

Se tuvo que manejar un amplio movimiento universitario de protesta por la defensa de la universidad pública, que al final resultó en un acuerdo presentable.

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El año que está terminando, en la dinámica política colombiana, podríamos calificarlo como uno de transición y las transiciones se caracterizan por la incertidumbre.

Tuvimos procesos electorales en los que por primera vez en muchos años la violencia política no fue la gran protagonista; el resultado fue la elección de un Congreso con una alta dispersión de las representaciones políticas, pero sin que hubiera ninguna fuerza política que fuera mayoritaria –las fuerzas políticas mayoritarias, el Partido Centro Democrático y el Partido Liberal, rondaron cada una el 20 % de los votos-, lo que hace difícil el manejo del Congreso y su agenda legislativa, cuando no se han logrado conformar coaliciones sólidas para gobernar. Las elecciones presidenciales conllevaron una polarización entre dos candidatos presentados como representantes de los extremos políticos –Iván Duque y Gustavo Petro- y quienes pasaron a la segunda vuelta, lo cual impidió que se configurara una opción política de centro que hubiera podido convocar más fácilmente al país y conformar una gran alianza para gobernar ese momento de transición de una sociedad altamente polarizada, especialmente alrededor del acuerdo con las Farc.

El triunfador fue Iván Duque, de la coalición de centro-derecha –alrededor de los Partidos Centro Democrático y Conservador-, que si bien generó una buena expectativa con la idea de convocar un gran ‘Pacto por Colombia’, hasta el momento esto no ha pasado de palabras.

El presidente se anotó un punto a su favor con el nombramiento de un gabinete ministerial paritario entre mujeres y hombres y con un criterio más técnico, pero si bien fue de buen recibo la propuesta de no utilizar la llamada ‘mermelada’, al no contar con un coalición de gobierno definida, el trámite de las iniciativas legislativas en el Congreso ha sido lento y con incertidumbre. Se empezó a poner en práctica el Estatuto de Oposición, que ha buscado darle mejores garantías a las fuerzas políticas opositoras y ordenar la relación de los partidos políticos con el Gobierno.

Se tuvo que manejar un amplio movimiento universitario de protesta por la defensa de la universidad pública, que resultó en un acuerdo presentable, pero que se dilató demasiado el tiempo de la negociación.

Es destacable el acuerdo sobre el aumento del salario mínimo legal. Pero, de otra parte, no se ha logrado poner a andar las conversaciones con el Eln.

El principal problema que ha enfrentado el gobierno ha sido el no dar claras muestras de sus prioridades, lo que generó una sensación en la sociedad de un gobierno que no se sabe para dónde va –con excepción de la política exterior, donde la obsesión con el caso venezolano, ha generado otras preocupaciones- y esto lo ha pagado el presidente en término de una opinión mayoritaria desfavorable y la impresión para muchos de que el presidente no tiene clara su agenda.

“Se tuvo que manejar un amplio movimiento universitario de protesta por la defensa de la universidad pública, que al final resultó en un acuerdo presentable”.

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