Columna

Construir al pueblo

El pueblo quiere su reivindicación. Si condenamos al pueblo claudicamos de la democracia como fórmula de gobierno.

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DANILO CONTRERAS GUZMÁN
03 MAY 2019 - 09:21 PM

La inteligente columnista Diana Martínez y el avezado periodista Juan Gossaín, coincidieron en señalar que los malos gobiernos tienen causa fundamental en la ciudadanía. Abundan en razones al radicar en las decisiones electorales del pueblo más humilde el origen de los malos gobiernos.

Martínez adujo: “De los 749.953 ciudadanos aptos para votar en los pasados comicios para la Alcaldía de Cartagena, solo fueron a las urnas 169.835 votantes; y de esos votantes, el 70% pertenecía a los estratos 1 y 2. Es decir, estamos dejando en manos de aquellos que no tienen libertad para decidir, los destinos de nuestra ciudad”.

Por su parte don Juan, en entrevista con Noticias Caracol, sostuvo, que es la ciudadanía la culpable de los malos gobiernos y que en Cartagena, el día de elecciones, mientras nuestros paisanos pudientes se levantan temprano para ir a las islas, los pobres se levantan, pero a vender el voto y elegir malos alcaldes.

Varias cosas cuestiono. La primera es un dejo clasista al señalar una especie de inferioridad ética entre los ciudadanos más humildes. Ese argumento parece colegir que si los estratos altos e ilustrados desperezaran su sentimiento democrático, los gobiernos mejorarían, lo cual carece de evidencia empírica o teórica. La corrupción no distingue estratos.

A efectos de tramitar las perplejidades que me causaron las opiniones de estos apreciados personajes, volví a ver la conferencia del maestro Carlos Gaviria Díaz, denominada “Educar para la democracia” a la cual suelo recurrir para entender la profundidad del concepto del gobierno del pueblo.

Uno podría pensar que si los estratos 1 y 2 votan a la corrupción, la salida es volver al voto exclusivo de educados y propietarios, pues solo ellos cuentan con el discernimiento y la altura moral para elegir bien. No creo que esa sea una opción para los líderes de opinión mencionados. Propongo que el problema se encuentra en los liderazgos que han tenido expresión en los últimos lustros en Cartagena. Gaviria citando a Adela Cortina, predica que el sujeto de la democracia es el pueblo y el pueblo necesita construirse. La alegoría que se me ocurre es la de la arcilla en manos del alfarero, si este es bueno su obra será loable, si sus manos son torpes su obra será deforme. En una democracia de voto programático, cuáles son las propuestas novedosas y transformadoras de nuestros dirigentes. Si sus ideas son lugares comunes, el pueblo que no es tonto, carecerá de opciones. Son los líderes quienes deben esforzarse por plantear soluciones. Son ellos los responsables del deterioro del gobierno. El pueblo quiere su reivindicación. Si condenamos al pueblo claudicamos de la democracia como fórmula de gobierno.

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