Columna

Hasta luego

“Le expreso al periódico y a los amables lectores mis agradecimientos, y permítanme un sincero hasta luego”.

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FIDEL A. LEOTTAU BELEÑO
01 JUN 2019 - 08:56 PM

En aquel consultorio médico de la Puerta del Sol, nació la pasión por la lectura al lado de mi padre, Fidel A. Leottau Escorcia y del extinto hermano, Ing. Jorge A. Leottau Beleño. Eran los tiempos de la secundaria y allí los almuerzos se tornaban en coloquios o tertulias humanísticas. Leíamos y comentábamos, sin embargo, aquello para mí tuvo más de aprendizaje que de aportes.

Luego llegó la vinculación con dos factorías de Mamonal, diez años en la primera y treinta con la segunda. Cuando faltaban doce años para disfrutar de la pensión de vejez, abrieron la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena, y ese hecho académico fue de vital importancia a mi vida, porque sirvió para domesticar los rasgos silvestres de las asimilaciones literarias.

En la U. de C. me decían: profe y decano, por lo calvo, gafado, barbado y cincuentón. En la empresa fui depositario de estímulos, y lo fui también de mofas, como esta: “Serás el primer filólogo salido de los ferros de Mamonal”. Y era lógico, los 40 años en la industria fueron ajenos al humanismo que tuvo sus raíces con el hermano y el ascendiente. Les soy sincero, me achicopalé en uno de los planteles de la ciudad donde se reían de mí en las pruebas de Icfes que presenté al lado de dos de mis hijos.

Mi padre que era villanuevero, nos decía que allá había nacido un escritor, coetáneo con mi abuelo Claudio; también se lo había escuchado a un sacerdote cuando fui sacristán en el pueblo, pero solo me daban el nombre: Pedro Sonderéguer. Dentro de la Facultad recibí el apoyo de dos compañeros, Juan Carlos Urango Ospina y Óscar Castillo Castro, dos aventajados compañeros, determinantes en el desenvolvimiento del estudiante que volvió después de un receso de 28 años.

Mi primer escrito en prensa fue en la Revista El Solar del desaparecido Periódico de Cartagena, que titulé: ¿Quién fue Pedro Sondréguer? Luego vinieron los complementarios de la investigación en El Magazine de El Universal, sobre el mismo escritor y mi tesis de grado. Uno de los logros de este trabajo fue la visita de los argentinos a Villanueva y Cartagena, como la atención brindada por ellos en Buenos Aires a quien escribe.

Después de siete años de estar escribiendo con alguna regularidad la columna en El Universal, con la misma responsabilidad que le imprimí y no poco valor, le expreso al periódico y a los amables lectores mis agradecimientos, y permítanme un sincero hasta luego, convencido que el propósito siempre se inclinó a la ilustración y al halago sincero y justo. A mis años necesito este tiempo para dedicárselos al saldo de supervivencia, allende de los achaques.

Dios en su infinita sabiduría sabrá para qué puerto levaré anclas. Que Él los bendiga abundantemente.

“Le expreso al periódico y a los amables lectores mis agradecimientos, y permítanme un sincero hasta luego”.

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