Columna

La bendición de Santrich

No puede ser tarea del demonio hacer hostias. Cada que encomendamos a Dios, así sea una conversación trivial, estamos elevando una oración por el bienestar.

Compartir
RICARDO MORALES CANO
08 AGO 2019 - 09:26 PM

Vuelve y juega el tema Santrich, ahora fugitivo, después de su paso por la JEP, por la Corte Suprema y por el Congreso. Su principal problema es enfrentar la evidencia de sus andanzas delictivas, atrapadas en el video residencial.

Mucho se ha escrito sobre las justificadas censuras de ilegalidad; sobre la competencia en su juzgamiento o los alcances políticos de su ausencia. Pero, hay un detalle que ha pasado desapercibido sobre el que valdría la pena reflexionar. Se trata de las palabras con las que se le oye y se le ve despidiéndose de sus interlocutores: “Que Dios me los bendiga y la Virgencita de Guadalupe me los cuide”. Expresiones que desconciertan no solo por el contexto maléfico en que las pronuncia, sino también, por la imagen censurable que proyecta desde su modo de ser y de sus ejecutorias ilícitas. No concebimos que crea ni en Dios ni en la Virgencita a quienes encomienda a sus amigos. ¿Qué significado podrían tener para este ciudadano y cómo explicar el sorpresivo arranque angelical, en quien sabe que está realizando actos indignos? No es de imaginar a este prófugo de la justicia, arrodillado absorto en la contemplación divina, ni procurando hacer suyas las virtudes de la madre del cielo.

No puede ser tarea del demonio hacer hostias. Cada que encomendamos a Dios, así sea en una conversación trivial, estamos elevando una oración por el bienestar ajeno, comprometidos en la coherencia de vida que ello significa. No es aceptable desinflar de contenido expresiones de la mayor fuerza espiritual para mancillar su real significado.

Aventuro dos explicaciones. Podría responder a la necesidad inconfesable de crear una apariencia de confiabilidad de lejos inmerecida. La otra explicación sería la de generar espacios de solidaridad y compañerismo que atraen y aglutinan en una sola causa a los iguales, generando exteriores de confianza. Cualquiera que sea, nada es ni seguro ni confiable.

Mientras, muchos tenemos la costumbre de bendecirnos mutuamente. No hay que dejar que estas expresiones con su alta fuerza de dignidad espiritual se desvanezcan. Está en nosotros la tarea de hacerlas con responsabilidad, tanto para pronunciarlas como cuando las recibimos. Siendo conscientes que responden a oraciones cortas que contienen la expresión de alguien comprometido con la coherencia de vida. Si no es así, estaremos imitando no a las buenas personas, no a quienes con su vida pulcra y decorosa son dignos de emular, sino convirtiéndonos en otro Santrich, que toma lo sagrado sin digerirlo. Está en nosotros decidirnos por una u otra manera de ser y de convivir con los demás. Debemos considerar para nuestro bien, que los actos y palabras están siendo grabados para el juicio que nos espera. Juicio, en donde no valdrán ni jueces terrenales, ni defensores y mucho menos la posibilidad de fuga.

*Abogado

Te puede interesar:

Bolívar decide su futuro

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad