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Columna

Golpe al sistema

“Y así es como la pobreza y la ignorancia mantienen vigente este sistema perverso que se alimenta con el hambre de un pueblo, que no tiene otra opción, más que vender su voto”.

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No se nos ha revelado nada que no supiéramos. Así que por favor, no nos hagamos los sorprendidos, que aquí todos sabemos perfectamente cómo funciona el sistema: sabemos quiénes financian las campañas políticas (que van desde parapolíticos hasta mafiosos), sabemos a qué candidatos se las están financiando (y a quiénes se las han financiado), sabemos cómo se han dividido la administración (y cómo se la van a dividir), sabemos cómo han manejado la contratación (y cómo la seguirán manejando)... es más, casi que sabemos cuáles van a ser los resultados del 27 octubre... solo nos faltan las elecciones; y con ellas también sabemos que vendrán demandas, inhabilidades y a lo mejor una nueva interinidad.

Y mientras todo eso sucede, ellos permanecen allí, firmes; no importa si sus peones se caen, ellos ponen otros; aplican la teoría de los fusibles: cuando hay una fuerte descarga de energía, queman un dispositivo menor, para así proteger la integridad de una unidad mayor. Conclusión: ellos siempre ganan, ellos mandan, ellos deciden... ellos han generado la crisis y también se presentan como la solución a la crisis.

Pero, muchos se preguntan: ¿Y en dónde radica tanto poder?

Pues, sencillo: en una madre que le toca sacar de las sobras de los perros un bocado de comida para su hija. En un niño que no puede ir al colegio porque no tiene ni desayuno, ni libros, ni zapatos. En un padre angustiado que ruega por unos antibióticos para su hijo. En una viejita que lava y plancha ropa ajena para alimentar a sus nietos. En un poco de pelaitos que se empinan en un tanque de basura con la esperanza de encontrar un bocado...

Y así es como la pobreza y la ignorancia mantienen vigente este sistema perverso que se alimenta con el hambre de un pueblo, que no tiene otra opción, más que vender su voto. Pero nosotros, que de alguna manera tenemos las tres comidas resueltas, hemos sido indolentes, desleales a ese pacto de lealtad mutua que nos liga. Porque ellos (los que gobiernan), están siempre unidos por sus intereses y nosotros divididos por nuestros egos y apatías.

Por eso estoy convencida que la única forma de darle un duro golpe al sistema, es que nos unamos (no en torno a un proceso electoral), sino a un proyecto colectivo de ciudad, donde surjan nuevos y genuinos liderazgos que nos convoquen y nos muevan a la reconstrucción de nuestro tejido social, a la recuperación de nuestros símbolos culturales y a la apropiación de nuestra identidad, como únicos caminos para sentir que esta ciudad nos pertenece; y entonces sí, cualquier tipo de desarrollo, ya sea social, económico o político, será una consecuencia natural de ese sentimiento de arraigo que nos una.

*Abogada y analista política.

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