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Columna

Loa al último juglar

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La mejor descripción que he escuchado sobre el maestro Adolfo Pacheco, el juglar de los Montes de María, la oí en boca del periodista Juan Gossaín, cuando se le pidió que dijera, para su parecer, quiénes eran los tres mejores compositores de música de acordeón de todos los tiempos. Sin titubear, el maestro del periodismo dijo: Rafael Escalona por cronista, Leandro Díaz por poeta, y Adolfo Pacheco por cronista y poeta.

El concepto de Gossaín es una muestra fehaciente que estamos ante un personaje de talla mundial. Un músico que se convirtió en abogado cuando ya pisaba los 40 años y que, durante toda su vida no ha dejado de producir canciones, artículos periodísticos, investigaciones, conceptualizaciones y que tiene claro la diferencia entre los estilos sabanero y vallenato, ya que el tema lo ha estudiado por más de 60 años.

“Los sabaneros no somos mejores que los vallenatos, somos diferentes”, nos dijo en la conversación que tuvimos recientemente para informarle que la Gobernación de Bolívar había decidido postularlo ante el Ministerio de Cultura para el Premio Nacional Vida y Obra que otorga anualmente esa cartera.

Se sintió feliz y agradecido. Con la sencillez que le caracteriza, la humildad que le trasciende por los poros y el mamagallismo que ronda en su cabeza, dijo: Caramba, pensé que me iba a morir sin ver este sueño hecho realidad. Ya era hora”, y soltó una carcajada. Próximo a cumplir 80 años, el último gran juglar que tiene la música de acordeón, es dueño de una exquisita y valiosa obra de cerca de 180 canciones compuestas en diversos ritmos: paseo, merengue, son, cumbia, porro, chandé, bolero, pasillo y son cubano.

‘El mochuelo’, ‘El viejo Miguel’, ‘El tropezón’, ‘El cordobés’, ‘Me rindo majestad’, entre otras, han sido el sello indeleble que el maestro de San Jacinto le ha puesto al folclor colombiano, pero sin duda ‘La hamaca grande’, ese hermoso paseo que invita al pueblo vallenato a mecerse juntos en una hamaca gigante, se ha convertido en su carta de presentación, con más de 20 versiones, entre las que se destacan la de Johnny Ventura, Carlos Vives, los hermanos Zuleta, entre otros.

Sea pues, esta postulación un motivo de orgullo para el pueblo bolivarense, y, desde Icultur, invitamos a todas las personas e instituciones que quieran sumarse a este proyecto, a sabiendas que, como lo expresó el dirigente José Félix Lafaurie, estamos, de lejos, ante el compositor más completo que ha tenido el Caribe colombiano.

Pacheco ya ha recibido varios homenajes, como el del Festival Vallenato, que lo declaró Rey Vitalicio como compositor, y el que recibió en el Festival Cuna de Acordeones, de Villanueva, La Guajira, donde han reconocido el gran calor musical y literario del compositor bolivarense. Solo falta que el Mincultura lo consagre para que su nombre y sus cantos resuenen con más fuerza en los rincones de Colombia y así se pueda tejer una hamaca más grande que el cerro de Maco y todos los montes de María.

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