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Han pasado más de 45 días desde que Colombia entró en contingencia por la pandemia del Covid-19, durante este tiempo todos los colombianos, sin excepción, hemos visto en mayor o menor grado que nuestros hábitos de vida han cambiado de manera dramática y estamos seguros que seguirán cambiando de acuerdo con la evolución de este problema de salud pública que nos afecta a todos.

Quizás uno de los sectores que mas se ha visto afectado y que además es protagonista en el control y manejo de la pandemia es el hospitalario. Son los hospitales los que con sus equipos médicos, paramédicos y administrativos hacen frente a la atención de los pacientes infectados por el Covid-19.

Desafortunadamente y para sorpresa de quienes hacemos parte del mundo hospitalario pareciera que estamos solos y con la gran responsabilidad de enfrentar una situación que requiere del trabajo coordinado del gobierno nacional, de los gobiernos departamentales, de los municipales y por su puesto de los entes de control. Pareciera que la situación para muchos de los hospitales en el país y en especial para los hospitales privados de la ciudad de Cartagena sigue igual que antes o inclusive ha desmejorado en estos primeros 45 días de pandemia.

Las razones de la anterior afirmación se pueden resumir en 5 puntos que reflejan la problemática del sector salud en la ciudad y que seguramente son extrapolables en mayor o menor medida a todo el país.

El primero tiene que ver con la estrategia de los gobernantes para hacer frente a la pandemia, si bien el gobierno nacional y el distrito de Cartagena tienen toda la voluntad de estructurar una red hospitalaria y de servicios para el enorme numero de pacientes que vamos a atender, pareciera que con el pasar de los días todavía no hemos llegado a ese punto en que con tranquilidad podamos decir que estamos preparados para enfrentar esta nueva situación. La totalidad de los escenarios previstos para satisfacer la demanda de servicios derivados por el Covid aún no están en operación y la red hospitalaria en nuestra ciudad es débil para afrontar un problema de salud publica de la magnitud del que estamos enfrentando.

El segundo punto tiene que ver con la falta de recursos que tiene en este momento el sistema de salud. La deuda acumulada a las clínicas y hospitales colombianos es incuantificable y supera cualquier posibilidad de pago en las actuales condiciones. La ley de punto final, esa panacea para el sector que se planteó hace mas de un año, todavía no les ha brindado un centavo a los hospitales de la ciudad y en esta crisis económica va a ser imposible salir adelante con los compromisos de atención para los pacientes Covid y no Covid. Los hospitales de la ciudad y en general del país están sin recursos y para atender la pandemia se requiere de un músculo financiero suficientemente fuerte para poder operar.

El tercer punto es muy grave y tiene que ver con el escaso o nulo control que hasta el momento se le está haciendo a las administradoras de riesgos laborales ARL, en su obligación de brindar los elementos de protección personal EPP para el personal de salud; en este momento los elementos los están suministrando los hospitales y las ARL brillan por su ausencia y falta de compromiso. Los hospitales le están haciendo frente a una obligación que le corresponde a otro y además están siendo víctimas de la especulación en los precios. El estado colombiano no ha sido capaz de entrar a regular los precios de los EPP y no existen hasta ahora acciones efectivas que frenen este abuso.

El cuarto punto tiene que ver con las condiciones sociales y económicas asociadas a la pandemia; la economía está en recesión y de esta recesión no se escapan los hospitales. En Cartagena la gran mayoría de los prestadores de servicios de salud en abril han tenido porcentajes de ocupación cercanos al 50%, manteniendo la gran mayoría de sus gastos y costos de operación, garantizándoles la atención a los pacientes y el trabajo a su personal de salud, asumiendo las pérdidas y deteriorando aún mas su ya precaria situación financiera.

El quinto punto esta relacionado con la cultura ciudadana, con el compromiso de los cartageneros con su salud y con el control que las autoridades tienen que hacer con la movilización de las personas. Los cartageneros no están respetando las medidas de aislamiento y ello es indispensable para contener el contagio del virus. Las ventas ambulantes, el mototaxismo, los limpiadores de vidrios en los semáforos y en general, la economía del rebusque ya esta en las calles y son un blanco fácil de contagio. Esto podría, en un escenario que puede ser muy real, llevar las cifras de infectados a escalas inimaginables.

Cinco puntos importantes, que deben ser analizados desde un punto de vista constructivo, no estamos en condiciones de perder tiempo, necesitamos acciones y soluciones. El reloj de la pandemia correo en contra nuestra y cualquier minuto perdido en este momento, nos puede hacer falta en un futuro.

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