Pareciera que con cada reporte diario de las estadísticas COVID, los cartageneros contuvieran el aliento. Los indicadores desmoralizan. Recuerdo por allá en febrero, la gente parecía estar en vilo esperando el primer caso. Sólo era abrir las redes sociales y sentir la tensión. También recuerdo, que los diferentes medios de comunicación comenzaron a poner sobre el tapete de las contemplaciones, lo que pasaría en Cartagena si aquí llegaba el virus.
Luego llegó marzo y con marzo llegó el virus. Y llegó por agua, por aire y por tierra. No tuvo reparos en asediarnos por todas las fronteras. Cuando el 6 de marzo se confirmó el primer caso de COVID-19 en Colombia, los gerentes y responsables administrativos de los principales hospitales de Cartagena como: Hospital Bocagrande, Medihelp, Gestión Salud y Casa del Niño; se reunieron para expresar su preocupación ante los medios. En una publicación del 10 de marzo en este periódico, manifestaron que ningún hospital en Cartagena contaba con la infraestructura apropiada para atender contagiados o para mantener en aislamiento a los sospechosos por COVID-19.
Más o menos para esa misma fecha, el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo, liderado por el anterior director del DADIS Alvaro Fortich, solicitó al orden distrital y nacional los recursos para dotar la red hospitalaria. Se solicitó contratación de personal, elementos de protección personal y hasta se habló de un” hospital de campaña” con 30 o 40 camas.
Como si esto fuera poco, no es difícil recordar que antes de la COVID encontrar una cama para hospitalización o UCI en Cartagena ya era una odisea. Sólo era que llegara un puente festivo, y el panorama en clínicas y hospitales se complicaba. Acudir a una urgencia, era ver usuarios en pasillos y salas de espera, con equipos de canalización colgados en clavos de paredes porque los cubículos no daban abasto.
A 3 meses después de la llegada del primer caso a Cartagena, seguimos en las mismas. Según el indicador mundial de “camas por habitantes” para una ciudad, propuesto por la Organización Mundial de la Salud; Cartagena se encuentra por debajo del parámetro. La OMS señala que las poblaciones con más de 100.000 habitantes, como es el caso de Cartagena (más del millón de habitantes), deberían tener entre 4 a 5 camas por cada 1.000 habitantes. Haciendo cuentas muy alegres, eso indica que al menos deberíamos tener 3 camas por cada mil habitantes. Pues resulta que a mayo de 2020 sólo tenemos 2 por cada mil, lo que indicaría un déficit neto de aproximadamente 900 camas.
Lamentablemente, hoy más que nunca, el “grito jalaito” de Tavín de aquella memorable y popular canción del Gran Combo, bien pudiera resonar en nuestro atormentado panorama: ¡No hay cama pa´ tanta gente! ¿Cómo es posible que a 3 meses después y casi en pleno pico de la pandemia no se ha mejorado la cobertura de camas? Reclamamos a las autoridades que tomen ya las riendas de la gestión hospitalaria.
¿Cuándo comienzan las adecuaciones del Hospital Universitario del Caribe aprobadas por 12 mil millones de pesos? ¿Por qué no se hacen alianzas con hoteles, por ejemplo, para el aislamiento de los casos leves o para el aislamiento? Aunque la situación no está para comparaciones irreales, cuanta falta haría escuchar otra versión de la canción citada: ¡Oye machuchal dámele a esta gente, de café negro una tasa y todo el mundo siéntase en casa, Si hay cama pa´ tanta gente!
