La crisis que se vive en nuestro país por cuenta de la pandemia tiene unas consecuencias inimaginables. El país esta frenado, la economía en pausa, la gente desanimada y la sociedad en general, pareciera estar desubicada, la incertidumbre es muy grande y todavía parece no haber luz al final del túnel. Ayer el Presidente hizo el anuncio que pasaremos las fechas de Amor y Amistad, de Halloween y Año Nuevo en modo COVID. Lo que más preocupa de todo lo anterior es que las curvas de contagios y de muertes siguen hacia arriba, pareciera que estos más de 100 días de confinamiento no han servido de nada y muchos creemos que buena parte de ese esfuerzo se perdió en los errores de planeación del fatídico viernes sin IVA.
A lo anterior se suma que en muchas regiones no se ha solucionado el tema de la falta de camas hospitalarias, para no ir muy lejos, en nuestra ciudad todavía no hay una claridad sobre cuantas camas se van a necesitar para hacer frente a uno de los casos de mayor progresión y de peor pronóstico en cuanto a consecuencias para la economía y la salud pública del país. Los esfuerzos se han hecho pero los resultados aún no se ven, nos hemos peleado con todo el mundo, con el departamento, con el concejo, con el nivel central, con los secretarios, con los gremios, con casi todos los actores de este gran teatro que se llama Pandemia y aún no tenemos, a pesar de todo lo que hemos hecho, las cosas claras.
Al problema de las camas hospitalarias y de UCI, se suma la falta de recurso humano capacitado para manejar a los pacientes. Los profesionales de la salud por estas épocas son escasos y muchos prefieren quedarse en casa a exponerse por un trabajo que ni siquiera les garantiza la seguridad social y unas condiciones laborales estables.
Lo anterior se agrava cuando el sector salud en nuestra ciudad, que esta representado en su gran mayoría por el sector privado, vive desde mucho antes de la pandemia unas condiciones de iliquidez que lo tienen al borde del colapso, la deuda a las clínicas y hospitales privados en la ciudad puede estar por encima del cuarto de billón de pesos y la verdad sea dicha, en los últimos tres meses el comportamiento de los pagos, salvo algunas excepciones, ha sido muy similar al histórico del último año. Los hospitales en Cartagena están con las arcas vacías y no tienen recursos para poder funcionar, eso lo saben de sobra los entes de control a nivel nacional y a nivel distrital y no ha sido posible que se haga una inyección de recursos importantes, que le de oxigeno a un sector que es estratégico para cualquier reactivación de la economía en el corto, mediano y largo plazo.
Todos los escenarios anteriores, que son de por si preocupantes, se agravan cuando se suman dos ingredientes que hacen que las cosas pasen de castaño a oscuro:
El primero tiene que ver con la falta de autocuidado de los cartageneros. La falta de cultura ciudadana en el Corralito de Piedra es evidente, la gente no se cuida y no acata las directrices que se imparten desde el gobierno distrital, eso va de la mano también con una estrategia de promoción que debería ser efectiva, tanto en la difusión y adherencia como en el control de la misma, allí hay muchas cosas por mejorar y una estrategia que revisar.
El segundo tiene que ver con un fenómeno que va en crecimiento y que cada vez es más delicado, que se ha dado en todo el país, pero que en la costa y en particular en Cartagena es preocupante por las consecuencias que puede traer: las amenazas y agresiones a la misión médica. Durante los últimos dos meses el número de agresiones a los profesionales de la salud ha aumentado en proporciones preocupantes, sin temor a equivocarme, podría decir que no hay un sólo hospital o clínica en la ciudad donde no se haya presentado por lo menos un episodio de maltrato o agresión a los profesionales de la salud. Las denuncias sobran, la situación se conoce, los medios de comunicación las han convertido en titulares y las clínicas y asociaciones científicas las han difundido hasta más no poder, sin embargo, no hay respuestas efectivas de quienes deben garantizar la seguridad de quienes trabajamos en el sector salud. No se ha realizado o si se ha hecho no se ha socializado con los hospitales, un plan que busque la protección de la misión médica y eso es grave porque somos un actor vital dentro del manejo de la pandemia.
Cartagena tuvo hace ya varios meses el primer caso de un paciente fallecido por COVID-19 en el país, ojalá que no tenga señor Alcalde y señor Comandante de la Policía, el primer caso de un médico asesinado por cuenta de la intolerancia social asociada a la pandemia.