Han pasado más de 100 días desde que Colombia empezó a funcionar de un modo distinto, un modo al que no estábamos - ni aún estamos - acostumbrados a vivir y que ha afectado de manera dramática toda la cotidianidad de los colombianos: vivir en medio de una pandemia.
En estos más de 100 días, en el país y en particular en nuestra ciudad ha pasado de todo, hemos tenido que acostumbrarnos a vivir aislados en nuestras casas, con restricciones de movilidad, con salidas restringidas, los niños no volvieron al colegio, los adultos mayores han tenido que permanecer en casa y el uso de los tapabocas, del alcohol, de los lentes y el lavado permanente de las manos se han convertido en rutinas diarias obligatorias, que evitan el contagio y nos permiten sobrevivir.
Durante todo este tiempo se ha demostrado también la solidaridad de los colombianos, muchas empresas han reinventado el concepto de inversión y responsabilidad social, y hemos visto cómo se han volcado a ayudar en medio de la pandemia.
El Gobierno Nacional también ha hecho lo suyo, las disposiciones emanadas desde el Palacio de Nariño han cambiado la forma como se venían haciendo las cosas y evidentemente han demostrado la voluntad del Presidente de sacar a Colombia adelante. A nivel local también ha pasado de todo, la voluntad de controlar las terribles consecuencias de la pandemia ha llevado a los gobiernos locales a tomar decisiones de todo tipo, acertadas y no tan acertadas, pero al fin y al cabo decisiones que buscan controlar la pandemia y salir adelante.
En fin, es mucho lo que se ha hecho y mucho lo que nos falta por hacer, sin embargo, a pesar de ese enorme esfuerzo y de llevar más de 100 días en modo pandemia, muchos colombianos sienten que estamos a la mitad de una tormenta y que aún no es claro cuando pasará ni como pasará.
La economía se ha debilitado y sectores como el turismo, el comercio, los restaurantes y la salud enfrentan una crisis de dimensiones inimaginables. El de la salud, en particular, ha enfrentado en estos cien días muchos cambios y el subsector hospitalario es quizás el más afectado y el que más ha tenido que adaptarse rápidamente a la nueva situación de la pandemia. La pandemia cambió la dinámica de funcionamiento de los hospitales, les quitó mucho de su quehacer diario y los enfrentó a un virus del que no se tenía conocimiento.
Los profesionales de la salud, que son el eje de los hospitales, han tenido que soportar todo tipo de adversidades, las antiguas relacionadas con temas laborales y de estrechez económica y las nuevas relacionadas con agresiones, difamaciones y riesgos asociados a no tener la suficiente experiencia, ni las suficientes medidas de protección para hacer frente a esta nueva enfermedad. La cuota que han tenido que poner los equipos médicos y paramédicos para enfrentar la pandemia es valerosamente heroica.
Y son específicamente estos equipos de heroicos profesionales los que están viendo que sus condiciones laborales se están deteriorando cada día más. En medio de la pandemia y cuando más los necesitamos, increíblemente los hospitales se están quedando sin recursos para poder sostener su operación y al igual que en otros sectores se podría estar pensando en cerrar servicios hospitalarios por su imposibilidad de ser viables. Esto afectaría de manera importante a un grupo de personas que históricamente han hecho bien su trabajo y que han sido víctimas de un sistema en el que muchos billones de pesos han quedado enredados en múltiples quiebras, desfalcos e intervenciones.
Surge entonces la pregunta: ¿qué hay que hacer con un sistema de salud desfinanciado que no era capaz de atender a la población antes del COVID y que ahora enfrenta la atención de la misma población más la de los miles de colombianos que han contraído la enfermedad? La respuesta es multidimensional: se requiere mucha inversión y acompañamiento social, se requiere además una estrategia global de manejo en donde haya directrices claras y control de la adherencia a las mismas, se requieren más camas hospitalarias, ventiladores y equipos médicos, pero también se requieren profesionales que las operen y las utilicen, se requiere además para todo el engranaje multidimensional anterior dinero para que las cosas funcionen, dinero que no ha llegado a los hospitales y que desde antes de la pandemia tenía al sector en crisis y con serios problemas de estabilidad. Ojalá los esfuerzos de todos no queden en eso, en esfuerzos no efectivos. Para manejar la crisis que vivimos necesitamos mucha empatía y resiliencia, demasiada estrategia y muchísima más acción.