Columna

La Triple Meta del COVID

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LUIS ALBERTO PERCY
16 JUL 2020 - 10:41 PM

En el año 2007 Donald Berwick, reconocido profesor de pediatría y políticas de atención en salud de la escuela de medicina de Harvard, desarrolló un concepto llamado La Triple Meta. En su artículo original, Berwick sostiene que “si bien se debe continuar con los esfuerzos para desarrollar y expandir mejoras específicas en la atención de los individuos en los sistemas de salud, no podremos alcanzar la excelencia si las iniciativas no apuntan a un sistema más amplio de tres objetivos interrelacionados que constituyen la Triple Meta: mejorar la experiencia de los individuos con su atención, mejorar la salud de la población y reducir el costo per cápita”.

Han pasado más de diez años desde que se publicó el concepto de la Triple Meta y hoy en medio de esta pandemia los postulados del Doctor Donald siguen vigentes. Tan vigentes que valdría la pena hacer un análisis de lo que ha sido el manejo de la crisis generada por el COVID-19 desde esos tres puntos de vista específicos: la experiencia de los pacientes y sus familias, los resultados clínicos obtenidos y la costo efectividad de las medidas tomadas para enfrentar el problema.

Empecemos por el primero, la experiencia de los pacientes y sus familias: para quienes han tenido que afrontar un contagio cercano la experiencia ha sido traumática. A la incertidumbre de no saber qué va a pasar con el enfermo, se suman los tiempos de espera para el resultado de las pruebas, el temor de no saber si va a haber una cama en UCI, los consabidos trámites en la red de atención sanitaria, el aislamiento en casa, la necesidad de continuar con los tratamientos crónicos que el paciente pudiese estar recibiendo, el infame rechazo que han tenido que soportar algunos enfermos en ciertas comunidades y, por último, el temor a perder la batalla contra el COVID y a ser una víctima más de la pandemia.

Si miramos el segundo postulado de la Triple Meta que se relaciona con los resultados clínicos y el impacto en la salud de la población, nos hemos enfocado en fortalecer la red de unidades de cuidados intensivos, sin embargo, no hemos fortalecido de igual manera la red de atención primaria tan necesaria cuando de hacer promoción y prevención de la salud se trata. El número de ventiladores y la infraestructura hospitalaria nunca serán suficientes si desde las comunidades no se hace un trabajo de educación y promoción de la salud que evite que la gente se enferme. Por otro lado, nos hemos enfocado tanto en el COVID que pareciera que hemos descuidado las enfermedades crónicas y agudas que no están relacionadas con la pandemia y que evidentemente no pueden dejar de ser atendidas porque también pueden llegar a ser mortales.

Por último, el tercer postulado, la costo efectividad en los tratamientos. En un sistema de salud como el colombiano que tiene coberturas de aseguramiento cercanas al 100% pero que no tiene acceso a los servicios, es muy difícil lograr la eficiencia. En la crisis nos hemos concentrado en el costo de la UCI y no en el valor agregado que puede generar la prevención del contagio y eso nos está pasando la factura. Los costos siempre van a ser más altos en una unidad de cuidados intensivos que en una campaña masiva de prevención, el tema de la costo eficiencia no se debería mirar desde el punto de vista del valor de una cama UCI sino desde el punto de vista desde donde el sistema de salud invierte sus recursos para evitar que un paciente termine en una unidad de cuidado crítico.

El COVID no sólo se enfrenta con ventiladores, se enfrenta con una política pública de trabajo en las comunidades para prevenir el contagio. La atención de un paciente en una UCI es la consecuencia de un sistema que falló en la prevención y eso a todas luces no es costo eficiente.

Nadie pone en duda todo el trabajo que se ha hecho y los resultados que hasta hoy se han obtenido, sin embargo, después de 120 días de pandemia valdría la pena hacer un alto en el camino para analizar lo que ha sido el manejo de esta crisis desde otra perspectiva, una perspectiva más proactiva que reactiva, donde se tenga claro que hay que fortalecer las UCI pero también que hay que prevenir de manera efectiva el contagio en las comunidades. Donde el esfuerzo mediático pase a un segundo plano y sea remplazado por el esfuerzo real de generar valor comunitario, donde los positivos para COVID se sientan protegidos y no discriminados, donde a los equipos médicos se les de el valor que merecen y no sean presa de campañas difamatorias como aquella que decía que ganaban no sé cuántos millones de pesos por cada paciente con diagnostico de COVID que atendían.

Los colombianos vamos a seguir viviendo en modo pandemia y tendremos que adaptarnos a ello, todos sin excepción debemos reinventarnos, la Triple Meta de Berwick, nos muestra tres principios por los que el sistema sanitario debe luchar y que sin duda representan una buena manera de salir inteligentemente adelante.

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