Cuatro meses después de decretado el cierre de fronteras, la cuarentena para todos los ciudadanos de Cartagena y el consecuente cierre de negocios y locales; cientos de pequeños y grandes empresarios del Centro Histórico de Cartagena, casi que se ahogan entre sus lágrimas, al relatar cómo se les desplomó el cielo ante la falta de oportunidades y apoyo de los gobiernos tanto local como nacional.
Entre el pago de arriendo mensual, pago de nómina de empleados, estrangulados por los servicios públicos y las deudas a viejos acreedores; a los propietarios no les tocó más que cerrar corazones, cerrar puertas y cerrar medios de subsistencia.
Los créditos e incentivos nunca llegaron. Sólo llegaron recibos y cuentas de cobro. Muy a pesar de que todos esperaron con ansias una mano salvadora, ni los gritos de auxilio de asociaciones y gremios lograron que el salvavidas se lanzara.
Hoy aquel Centro Histórico catalogado por los gurús del turismo como “mágico”, realmente sí que lo es. Caminar por sus calles, es pasear por una ciudad fantasma. Restaurantes, cafés, museos, hoteles, discotecas, joyerías, boutiques, casinos, monumentos; todos revelan la peor cara de la pandemia: Les cayó no el coronavirus sino el “coruinavirus”.
Y es que en esto del cacareado término “reinventarse”, pareciera que incluso para algunos lo que les toca es comenzar de cero, que sí que es distinto. Realmente para muchos es un apaga y vámonos pues, a muchos les tocará literalmente dejar lo que hacían y lo que sabían, para aprender otra cosa y dedicarse a otros campos de la economía.
Pero en medio de todo esto, lo que tanto se comenta es que, al final de la pandemia muchas lecciones deben quedar para aprender y muchos errores para no volver a cometer. Uno de los más comentados por los expertos es la gran necesidad de que las pequeñas y grandes empresas trabajen de manera más organizada en sus finanzas, de tal manera que cuando vengan las vacas flacas haya un colchón de soporte que aguante una caída al menos a corto plazo.
Otra gran lección es que las empresas no pueden prescindir de sus más importantes y antiguos empleados. Ellos ayudaron a levantar y construir todo un legado y en quienes seguramente también habrá mucha sabiduría para poder levantarse. A ellos hay que cuidarlos y valorarlos, pues a la gran mayoría se le envió a la casa sin contemplación, cuando muchas empresas pudieron hacer un plan de rescate conjuntamente con sus empleados.
Es una pena también el cierre de los negocios más antiguos. Durante más de 20 años trabajaron y crearon valor y fortuna; no pudieron soportar 3 meses cuando ya estaban quebrados, cuando sabemos que los precios de productos y servicios eran exorbitantes. Es preciso entonces que el turismo local se fortalezca, que los empresarios miren con mejores ojos al ciudadano nativo, del cual necesitan ahora pero que no cultivaron nunca, prefiriendo al extranjero que le dejaba mejores rendimientos.
Es necesario que, para la reactivación, los gremios asuman un papel de liderazgo más fuerte y que en la concertación ofrezcan prontamente planes y soluciones construidos participativamente con sus empleados. Para la “Nueva Normalidad” no será más importante el “qué hacemos a el “cómo lo hacemos”. Tengo fe que Cartagena pronto levantará sus alas. Que como la mariamulata herida y golpeada; resurja de la pedrada lanzada por la onda del desdichado virus del coruinavirus.
Alvaro E. Quintana Salcedo
Docente Universitario
alvaroquintana@gestores.com
