Columna

La Gaba

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SALVATORE BASILE FERRARA
19 AGO 2020 - 09:20 PM

Durante la filmación de la película Érase una vez en América recibí una llamada de Gabito que estaba de visita en Roma, y cuando en Cinecitta se dieron cuenta que estaba hablando con Gabriel García Márquez se alborotó el cotarro.

Sergio Leone Robert de Niro Dalila di Lazzaro, todos fans del autor de Cien Años de Soledad, se acercaron a la oficina de dirección y me hicieron señas de invitarlo a una comida en su honor, así se lo hice saber y él me contestó: “Espera que hable con Mercedes”.

Esta era la realidad, él era la estrella pero la Gaba era el telescopio para verla. Él escribía, es verdad, pero ella le permitía escribir, tenía el talento innato de hacer rendir el poco dinero que tenían presupuestado para escribir la novela hasta las 500 hojas de papel, ella las conseguía Dios sabe cómo.

Jaime Abello, director presidente de la Fundación Gabo, muy oportunamente publicó artículos sobre Mercedes y Gabo, aconsejo a todos de consultar el link, es el siguiente: centrogabo.org .

Unas frases de Gabriel García Márquez sobre Mercedes nos dan claramente la dimensión de esta mujer, que permitió a su hombre dedicarse completamente a su musa literaria sin tener que preocuparse del diario vivir: “Yo creo que Mercedes está haciendo un trabajo, un trabajo muy importante. Este mundo que tenemos los dos es un mundo que creamos juntos. Y nos hemos repartido el trabajo. Y cuando uno de los dos trabajos no está bien hecho, todo el trabajo de conjunto falla”.

Más claro no canta un gallo, ella fue la mujer que permitió literalmente la creación de esta obra monumental que es Cien Años de Soledad. “Sin Mercedes no habría llegado a escribir el libro. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos seis meses; pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada. Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera: inclusive de traerme cada cierto tiempo quinientas hojas de papel. Nunca faltaron aquellas quinientas hojas. Fue ella la que, una vez terminado el libro, puso el manuscrito en el correo para enviárselo a la Editorial Sudamericana”. Pero con todo esto Mercedes Barcha no aparece en ninguna de la novelas de Gabito por una explicación que más bien parece “una boutade, pero no lo es: he llegado a conocerla tanto que ya no tengo la menor idea de cómo es en realidad”.

Descansa en paz amiga y salúdame a Gabito.

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