“Ante la creciente violencia que se ensaña contra nuestros pueblos, como un monstruo destructor que crece contra nuestro país”, el arzobispo de Bogotá, primado de Colombia, nos ha invitado a no callar, a pesar de que usemos tapabocas.
Ciento ochenta y cinco personas, en 46 masacres, 195 líderes sociales y defensores de derechos humanos, indígenas, campesinos, afrodescendientes, 41 firmantes del acuerdo de paz, cifras de asesinatos en el 2020 que no pueden dejarnos indiferentes.
Detrás de estos números, jóvenes con sueños truncados, pérdidas irreparables de personas que cuidan la vida y los territorios, familias destrozadas, comunidades que ya no tienen quién las defienda y proteja, una sociedad que se va acostumbrando de nuevo a la barbarie, y un silencio implantado por la agenda del gobierno y de los medios.
Pero este silencio que se impone con miedo y represión, y bajo la justificación de la pandemia, no puede acallar nuestro clamor por la paz. Para “reencontrarnos con la paz”, como sugiere el lema nacional de la Semana por la Paz, es necesario en nuestro contexto alzar las voces heroicas de tantos cartageneros que, en medio de las restricciones de la cuarentena, de la desigualdad y la marginación, luchan continuamente por la defensa y el cuidado de la vida en sus territorios.
Voces de jóvenes que nos llaman a tener esperanza, gritos de líderes sociales amenazados, músicas de comunidades que no están dispuestas a perder su alegría en medio de las dificultades, palabras de mujeres que tejen la reconciliación, testimonios de víctimas que resisten los embates reiterados de las violencias, quejidos de una tierra que sufre cuando arrasan sus manglares y bosques, cuando destruyen y contaminan sus ciénagas, caños y mares, y que nos exige un ¡basta ya!, una reconciliación profunda entre nosotros y con ella.
¡Alcemos nuestra voz!, ¡hagámonos oír!, que la violencia y el odio no se apoderen de nosotros, y si no encontramos nada que decir ante el horror de la guerra que regresa, abramos los oídos, ensanchemos el corazón para que el grito de los que la han tenido que sufrir remueva nuestras fibras más hondas.
Participemos este año de la Semana por la Paz, y dentro de ella celebremos el día nacional de los Derechos Humanos, el 9 de septiembre en la conmemoración de San Pedro Claver, “su ejemplo nos hace salir de nosotros mismos e ir al encuentro del prójimo. Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de paz, libre de toda violencia, esclavos de la paz, para siempre” (Últimas palabras del Papa Francisco en su visita a Colombia, Aeropuerto de Cartagena, 10 de septiembre de 2017).
*Director del Santuario de San Pedro Claver.
