Columna

El fin de la caquistocracia

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HAROLDO CALVO STEVENSON
13 NOV 2020 - 11:01 PM

Donald Trump, un hombre bajo de pasmosa superficialidad, pasará a la historia como uno de los peores presidentes de EE. UU. hizo de su mandato una caquistocracia, el gobierno de la peor gente, que ha pisoteado todas las normas y termina con una crisis institucional.

Trump ha abusado del cargo en beneficio propio, burlado los controles del Congreso y degradado a la Corte Suprema de Justicia. Ocho de sus colaboradores han sido enjuiciados. Su gabinete es una puerta giratoria de mediocres e ímprobos.

Descuartizó la rama ejecutiva y provocó la estampida de cientos de funcionarios de carrera. Su negligente manejo de la pandemia ha costado miles de vidas. El Departamento de Estado ha abdicado el liderazgo del estable orden internacional que los propios Estados Unidos forjaron después de la Segunda Guerra Mundial.

El daño causado por Trump es inmenso. Pero no pudo evadir el proceso electoral, la institución democrática que le puso freno. Se niega, sin embargo, a aceptar su contundente derrota en las recientes elecciones y ha bloqueado el empalme con el nuevo gobierno. Ha montado la farsa de que le robaron los comicios e inundado los estrados judiciales con infundadas demandas.

El New York Times informa que, según las autoridades electorales de todos los 50 estados, en ninguno hay evidencia de irregularidades. En EE. UU. las elecciones son limpias y ajenas a tropicales chocorazos. Las cortes no anularán los comicios. La democracia americana sobrevivirá, maltrecha, a Trump. ¿A qué se debe esta barbaridad? Una razón es Trump mismo, hombre mañoso capaz de recurrir a cualquier medio para no perder. Otra es que hay que ordeñar el capital político que representan sus más de 72 millones de votos. Trump jamás le dirá a su fanático electorado que “perdió”; le dirá que “ganó” pero que el Partido Demócrata y los jueces le robaron el triunfo, la excusa perfecta para irse sin admitir su derrota. Son las primeras movidas de la campaña presidencial de 2024, con él o un ungido como candidato. En enero, además, habrá en Georgia dos reñidas segundas vueltas que definirán los escaños de ese estado, y las mayorías, en el Senado. El Partido Republicano blandirá allí su fortaleza electoral.

Pero algo anda muy mal en un país donde 47% del electorado votó a favor de repetir el desastre por cuatro años más. Trump fue repudiado, pero ganó la polarización. El debate civilizado y el respeto a las reglas del juego más allá de los desacuerdos son fundamentos de la democracia. Es muy grave que un presidente en ejercicio sabotee unas elecciones limpias porque perdió. Pero así ocurre hoy en EE. UU., donde un partido radicalizado, el Republicano de Trump, es cómplice de un escandaloso atropello a las instituciones.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Profesor Asociado, UTB.

“Pero algo anda muy mal en un país donde 47% del electorado votó a favor de repetir el desastre por cuatro años más”.

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