El alcalde Dau debe entender que no obstante las tremendas dificultades ocasionadas por la pandemia, no puede ignorar los problemas estructurales de la ciudad que conllevan amenazas tan graves o peores que el COVID-19, que están incluidos dentro de su plan de desarrollo y no soportan más dilaciones. Ahí está el muy precario sistema de los drenajes pluviales que cuando las lluvias se juntan con la subida de mareas ocasionan trastornos. Los cartageneros se olvidan del problema en cuanto pasan las lluvias y la administración también.
Son muchos los estudios e incluso diseños a nivel de ingeniería de detalle que se han hecho, y ante la falta de una ejecución planificada, pierden vigencia y toca empezar de nuevo. Oportunidades ha habido para estructurar técnica, operativa y financieramente el plan y por diversas razones no se han materializado. Nos espera entonces una ciudad con inundaciones más severas que serán una seria amenaza para la ciudadanía y para la infraestructura en general, cuyos efectos se harán sentir cada vez con más rigor sobre todas las fortalezas y oportunidades de todo orden con que cuenta la ciudad.
Con la aprobación del acuerdo 046 de 2020 por parte del Concejo, que reglamenta la denominada Ley de Sitio que permite obtener importantes recursos de la nación para la ejecución de megaproyectos en la ciudad, se abre una posibilidad para que el Plan Maestro de Drenajes Pluviales sea una realidad. Dependiendo de la cuantía de los recursos el plan se puede desarrollar por partes, eso sí, en forma planificada, estableciendo un orden de prioridades que permita resolver el problema en forma paulatina. Ejecutarlo de una como es lo ideal tiene un costo billonario que necesita recursos cuantiosos de la nación y no podemos contentarnos con migajas cuando a muchas ciudades del país se les asignan montos considerables. Tenemos al metro de Medellín, las grandes autopistas y ahora el metro de Bogotá en cuantía de más de 20 billones como aportes nacionales.
Cartagena ha podido ejecutar proyectos clave con ayuda de la nación muy pocas veces, sujetándose en algunos casos a la realidad financiera con sus propios recursos y nunca se ha hecho una inversión en infraestructura que llegue siquiera a los 500.000.000.000 de pesos en valor presente al año 2020. El SITM con solo una línea troncal es uno de los pocos ejemplos pero muy lejos de los valores que se han manejado en proyectos de otras ciudades. El Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado que incluyó al emisario submarino, tuvo aportes conjuntos con créditos de la banca multilateral, pero tampoco llegó a esa cifra. La primera parte de la protección costera ha estado del timbo al tambo por parte del ente responsable, la UNGRD.
Ya es hora de sacudirnos y pensar en grande en una ciudad que se dice ser la consentida del país.
