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Columna

¿Nos embrutece el internet?

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Hace ya varios años escribí una columna periodística con un título parecido al de esta. Me refería allí a los problemas que para nuestros procesos cognitivos encierra la creciente dependencia de una multitud de redes para informarnos y comunicarnos al instante.

El tema tendrá siempre vigencia por las grandes consecuencias negativas que las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) están teniendo sobre nuestras vidas. Las TIC nos están acostumbrando a educarnos con flashes informativos, de manera que el pensamiento profundo y pausado ha dado paso a la superficialidad intelectual. Nuestra capacidad de concentración se ha desplomado. Muy pocos se le miden hoy a leer “La guerra y la paz” o “Los miserables”. Muy bien lo puso Nicholas Carr en “The Atlantic”: “Yo gastaba horas recorriendo largas páginas de agradable prosa. Ahora mi concentración comienza a flaquear después de dos o tres páginas”.

Las TIC han traído, a no dudarlo, enormes beneficios: facilitan la vida cotidiana de infinitas maneras y son fuente inagotable de rápida información. Pero han producido cambios indeseables. Las ideas transmitidas en cápsulas están cambiando la manera como percibimos la realidad. La democratización de los flujos de información, de por sí deseable, ha conducido a que muchos traguen entero ideas indigeridas y esparzan información patentemente absurda o falsa. De allí la explosión de desinformación que es común hoy.

¿Qué hay detrás de esto? El principal problema es la trampa del texto breve. Para informarnos acudimos como adictos al vistazo superficial de la avalancha diaria de fuentes que abruman nuestra capacidad de atención: tweets, correos electrónicos, mensajes de texto, Google, WhatsApp, Spotify, Facebook o Instagram. Como consecuencia, hemos abandonado el aprendizaje pausado, procesando a nuestro ritmo textos que nos enriquecen y educan.

Y eso destruye. El facilismo informativo induce a muchos a acudir a las redes sociales, no para informarse y calibrar puntos de vista, sino para validar sus propios prejuicios. De allí a difundir irresponsablemente tonterías y mentiras es un paso. Sin duda, esto ayuda a explicar la poca ecuanimidad en las discusiones políticas y el auge de la polarización que hoy se observan. Ni más ni menos eso mina los cimientos del sistema democrático, cuya fortaleza depende de la civilidad de un público bien y objetivamente informado.

Las TIC tienen el potencial de enriquecer nuestras vidas en muchísimos aspectos. Quizás todos podemos contribuir a que ello de veras sea así no olvidando que el internet también puede ser fuente de retroceso intelectual.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Profesor Asociado, UTB

“Las TIC tienen el potencial de enriquecer nuestras vidas en muchísimos aspectos. Quizás todos podemos contribuir (...)”.

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