Se pronosticó, se anunció, se dijo. La temida “segunda ola” prevista por los expertos, ya hace estragos en Europa. Como era de esperarse, debido sobre todo a las aperturas totales, el incontrolable virus se propaga sin reparos por la mayoría de países, obligados ahora a retomar las primeras medidas.
La investigación, la historia y la experiencia; han probado que, entre las medidas más efectivas para ayudar a detener grandes epidemias, están las cuarentenas y aislamientos. Comprender las diferentes estrategias es fundamental para comenzar a aplicar y ralentizar la velocidad de contagio. Una cuarentena es la medida para separar a los que aún no se han enfermado, mientras que un aislamiento es poner a un lado a aquellos que se han enfermado y cuentan ya con un resultado positivo para el diagnóstico de la enfermedad.
Las dos medidas fueron combinadas desde el principio junto con el llamado distanciamiento social, que es la separación de 2 metros entre las personas que interactúan para disminuir así la fuerza de contagio. Esto no es una perorata sin sentido ni una necedad del mundo científico. Roy Anderson, quien en los primeros meses de todo esto, publicó sus consideraciones al respecto en la prestigiosa revista The Lancet reafirma: “Una de las medidas históricamente dispuestas por las autoridades y que han probado disminución o aplanamiento del pico de la curva epidemiológica, es la contención y el aislamiento de las comunidades. Este tiempo, ayuda a que los servicios de salud no sobrepasen la capacidad de atención mientras se esperan el desarrollo de medidas terapéuticas y vacunas. Mientras más tempranas sean las acciones de los gobiernos y se apliquen de manera ágil medidas como el distanciamiento social para individuos; se pudieran manejar mejor las epidemias, como sucedió justamente en esta, en la que en algunos países asiáticos se redujo el pico de la curva”.
Desde el mes pasado, son cada día más las ciudades que se aprestan en sus lineamientos para instaurar estas medidas de aislamiento. Pero Cartagena parece ser la excepción. Las autoridades se resisten y pese al aumento consistente en el número de contagiados y fallecidos, se privilegia una actividad turística y comercial desordenada.
Día a día, la segunda ola aplasta la capacidad del sistema de atención, impactando en el inventario de insumos y en la calidad de vida laboral del personal de salud. Como representante de este maltratado grupo, me uno al clamor de la Mesa de la Salud en Bolívar, haciendo un llamado a condiciones mínimas de dignidad para el gremio.
¿Qué esperan las autoridades para aplicar cuarentenas y aislamientos bien planeados? No es necesario cerrar toda la ciudad. No se necesita dejar de hacer las cosas, sino hacerlas bien. Miremos las experiencias internacionales de las que parece no terminamos de aprender. Cartagena está a tiempo de un abordaje integral de la pandemia, que permita una integración interinstitucional entre salud, turismo y seguridad ciudadana, antes de que la segunda ola que envuelve también a la mezquindad y a la negligencia, nos arrastre al borde del abismo.
