No abundan los políticos que son buenos escritores. En Colombia hay un puñado: Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Michelsen y pocos más. En otras latitudes el fenómeno es más común. Winston Churchill, Charles de Gaulle y John F. Kennedy, entre muchos otros, fueron plumas excepcionales.
Barack Obama pertenece a este selecto grupo. “Una tierra prometida” (Debate, 2020), el primer volumen de sus memorias, es un rico relato, impecable y vívidamente escrito. Obama, el político norteamericano más elocuente desde Kennedy, es también un escritor de talento.
El libro cubre los inicios de su carrera política y una parte de su primera presidencia, de 2009 a 2011, cuando visita el comando de la Armada que le dio de baja a Osama bin Laden. Se anuncia otro tomo, que tal vez serán dos si se explaya en el nivel de detalle del primero. A Obama le gusta escribir a espacio: siempre contextualiza y examina las distintas facetas de un problema. De hecho, confiesa que siempre le ha sido difícil domeñar su verbosidad.
Un tema central del libro es la cerrada oposición de un radicalizado Partido Republicano a su gobierno: Mitch McConnell, jefe de la oposición en el Senado, anunciando en 2009 que la única política de su colectividad era impedir la reelección de Obama, o el espectáculo de congresistas irresponsables que se oponían a proyectos de ley que no habían siquiera leído simplemente porque eran de Obama.
Por eso es llamativa la manera desapasionada y distante con que juzga a sus opositores políticos. Como señaló un crítico, “... después de ocho años como presidente, [Obama] se lee como un personaje externo a los hechos, escribiendo sobre el proceso político como si no estuviera participando sino solo mirándolo desde afuera”. Sin duda es la voz del académico que fue Obama antes de lanzarse a la política.
Abundan en el libro agudas, y con frecuencia jocosas, semblanzas de diversos personajes. Vladimir Putin es un hombre de “físico bastante común, bajito y compacto” que le recuerda a los rudos políticos callejeros de Chicago. De un adusto general dice que tiene el ademán de “alguien que ha erradicado la frivolidad y las distracciones de su vida”. Y Lindsey Graham, controvertido senador de Carolina del Sur, es un tipo sacado de una película de espías que “traiciona a todos los demás para salvar el pescuezo”.
Obama fue presidente de Estados Unidos en la cresta de la ola extremista de derecha nacida en la década de 1980, que llevó al desastre de Donald Trump. Este excelente libro demuestra que sus mejores armas contra el embate ideológico fueron su gran decencia y admirable aplomo.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor del IDEEAS, UTB.
