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Que se sepa, la pandemia es lo peor que le ha pasado a la humanidad. El estado norteamericano, sin incluir la tercera ola, ha evaluado su impacto económico: más de 60 millones de reclamos por seguro de desempleo; por un menor rendimiento, una pérdida de producción de más de 7,6 billones; considerando todos los fallecimientos y tasando una vida en 7 millones de dólares las muertes generarían un sobrecosto de 4,4 billones; una pérdida adicional de más de 2,6 billones por la COVI crónica; otra pérdida de 1,6 billones por deterioro de salud mental; en el microcosmos, para una familia de 4 personas la pérdida sería de unos 200.000 dólares. Así, en total, los costos de la pandemia por pérdida de producción y reducción de la salud se estiman en 16 billones de dólares.

En septiembre de 2020, el Estado y Fedesarrollo consideraban que el costo de la pandemia para Colombia era de más de 330 billones de pesos. Obvio, sin contar las olas posteriores y todos los detalles de salud arriba anotados.

Por ello, todo lo que se pueda hacer para controlar la COVI es de gran valor social. Hay que evaluar el papel de todos, en esta pandemia para prepararnos para lo que falta de esta y para las próximas. JAMA y la OMS reportaron que la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo, Aislamiento Selectivo y Sostenible) tiene un rendimiento económico de 30 veces el costo (así, una inversión de 6 millones de dólares evitaría unos sobrecostos de 176 millones). Por ello, mientras el mundo se recupera, PRASS debe ser permanente.

A comienzos de la pandemia, con los confinamientos y cuarentena, el mundo, y Colombia no fue la excepción, se cuestionó si salud o economía. Hoy sabemos que la relación entre las dos es una dependencia absoluta: una economía próspera depende de una buena salud, y, al contrario. A la muestra un botón, hoy varias ciudades padecen una tercera ola, su salud se resquebraja entre contagios y muertes que obligaron a cierres que afectaran, más aún, su maltrecha economía. Cartagena, aún con pocos fallecimientos y camas disponibles, está ad-portas de recibir decenas de miles de visitantes, la mejor opción de recuperación para una economía fallida. De todos depende que la salud no se deteriore y que logremos beneficios económicos persistentes que alivien miseria, hambre e injusticia social: el alcalde, ahora más que nunca, debe aprovechar su popularidad para promover, exigir y garantizar el cumplimiento de las medidas sanitarias a nativos y turistas para mantener a la COVI a raya mientras el Dadis, EPS e IPS continúan con la estrategia PRASS. Parafraseando a Gabo: “Cartagena es una ciudad que han intentado destruir durante quinientos años y está más viva que nunca”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

“De todos depende que la salud no se deteriore y que logremos beneficios económicos persistentes que (...)”.

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