Transitar las calles de la ciudad de Cartagena de Indias es casi una tortura para locales y turistas, tanto si se habla del Centro Histórico como del resto de la ciudad.
Basta con transitar por la avenida (¿trocha?) Santander o por la avenida del Lago y toparse en esta última con el pésimo estado de los box-culvert que dirigen las aguas lluvias al caño de Bazurto. Los huecos convierten a estas vías en una carrera de obstáculos para autos, motociclistas y transeúntes, acentuando el riesgo de sufrir un accidente fatal.
Aunque es problema de larga data, la solución hasta ahora ha sido crear rellenos fugaces o sistemas de señalización con palos y llantas. “Tecnología de punta” para el bienestar de los ciudadanos.
Los ejemplos sobran. El contraflujo en la transversal 54 a la altura del barrio Nuevo Bosque, las calles circundantes al Centro Comercial Ronda Real y la calle principal del barrio Las Gaviotas (que además tuvo que ser cerrada) son vías desatendidas por la administración distrital.
Una de las más recientes decisiones es el cierre del puente Las Palmas, que conecta los barrios Manga y Pie de La Popa, por cuenta de la corrosión y daños severos en el concreto reforzado y en sus elementos metálicos. Esta intervención refleja la falta de cultura de mantenimiento del capital físico local, labor que debería estar bajo la tutela de la Secretaría de Infraestructura. Las consecuencias no solo se extienden al riesgo de circular por nuestras calles, sino también a los problemas de movilidad en barrios vecinos.
En zonas de alta demanda turística la historia no cambia. En las narices de la Alcaldía y demás organismos gubernamentales el mal estado de las calles parece ser la norma. Difícil será admirar las murallas y la arquitectura diversa si tenemos que fijar la mirada al piso para evitar caer por uno del medio centenar de huecos, zanjas o registros sin tapa identificados recientemente por El Universal en las calles del sector amurallado. ¿Qué esperamos para dar solución a un problema que afecta a la gente en los barrios y al turismo, y nos deja sumidos en el subdesarrollo?
Cartagena se cae a pedazos. Los problemas de infraestructura se suman a la lista de aquellos que requieren de pronta solución. Son necesarios cambios profundos en la destinación y eficiencia en el uso de los recursos. Revisar el orden de las obras que entran en las licitaciones puede ser un primer paso. No podemos quedarnos postrados ante la desazón que provoca ver cómo la ciudad se desmorona.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor, Escuela de Negocios y del IDEEAS, UTB.
