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Columna

La alharaca del Fuerte del Pastelillo y el Club de Pesca

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Lo que le entendí al arquitecto Samudio, quien sí sabe de verdad de restauración y es autoridad internacional en la materia, es que afortunadamente la resina no tuvo mucha adherencia y eso facilitará su remoción.

La verdad es que vi con mis ojos cómo al ponerle un chorro de agua a presión la capa se levantaba y volaba como si fuera un mantel, lo cual es bueno y tranquiliza. Desde mi ignorancia, entonces, quedo tranquilo, pues ni el “error”, que lo hubo sin duda, fue tan craso ni la solución será difícil. Salvo mejor opinión de quienes saben.

Me quedan sí algunas reflexiones:

1. Que hay muchos sabihondos en la ciudad y en el país, a los que ya estamos acostumbrados, como con los temas de la COVID, los asuntos ambientales, los “expertos” en derechos (¿izquierdos?) humanos y tantas otras hierbas...

2. Que algunos opinadores, foráneos y locales, además de sabihondos y muy prestos a emitir juicios y conclusiones, incluyendo a las autoridades, como la jefe del Instituto de patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC) y del mismo Ministerio, me dieron la impresión de que no conocen muy profundamente el tema de la conservación de nuestras murallas, pero eso es una impresión mía que sé menos que ellos...

3. Que, como siempre, muchos hablan y pontifican, a veces a priori y sin saber, pero también a posteriori y sin saber tampoco...

4. Que el restaurante no tiene nada que ver en esto, ya que es simplemente una concesión comercial de un espacio dentro del monumento público.

5. Que el concesionario principal del Fuerte del Pastelillo (no sé cómo es realmente el nombre legal del encargo) y responsable del cuidado y conservación del monumento es el Club de Pesca de Cartagena, una corporación privada cuyos socios, tengo entendido, son particulares dueños de las embarcaciones que allí guardan, entidad esta que por cierto ha venido cumpliendo con su obligación de cuidado y mantenimiento del fuerte con mucho celo y tino durante muchas décadas. Es un hecho notorio, ahí está a la vista la joya perfectamente conservada y mantenida.

5. Lo más grave que concluí luego de esta alharaca es que noté o me dio la impresión de que alguien le tiene ganas al restaurante y quiso “tirar su varilla” o sablazo a ver qué “pescaba”. Pero también esta es una impresión mía...

Ahí dejo mis humildes conclusiones, dichas desprevenidamente, dejando claro que soy absolutamente ignorante en el tema y que son solo deducciones después de ver y oír tantas opiniones y tantos análisis sobre el particular, y decantar lo que me pareció sensato y acertado por provenir de quienes creo que sí saben del tema. Veremos en qué termina esto. No creo que dé para más.

“Lo más grave que concluí luego de esta alharaca es que noté o me dio la impresión de que alguien le tiene ganas al restaurante y quiso ‘tirar su varilla’”.

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