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Columna

Goyo, paladín de mil causas

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Conozco a Gregorio Carriazo Gómez, Goyo, desde hace muchos años, tal vez más de 60, es que lo conozco de siempre. Goyo nació en una familia tradicional, muy respetada y apreciada del popular barrio Pablo VI, erigido en las colinas de Santa Rita. Su padre Isidro Carriazo, hombre de buen humor, amante del buen traguito y buena persona, fue uno de los últimos linotipistas de la vieja guardia; y Sol Gómez, su madre, la inolvidable Chole, una verdadera “madre universal”, especie de Úrsula Iguarán cartagenera, trabajadora incansable, ella era la verdadera jefe de la familia; se ganaba el pan literalmente con el sudor de su frente, lavando y planchando toneladas de ropa que muchas familias cartageneras le encomendaban. Ella, ayudada por alguno de los hijos recogía un día las ropas y las entregaba otro, impecablemente dispuestas. Parafraseando a Gossaín, he removido las aguas estancadas de mi memoria recordando la deliciosa fragancia de la ropa limpia que nos devolvía Sol.

Isidro y Chole fueron personas de bien que criaron de manera ejemplar una familia numerosa.

Goyo, el mayor de sus muchos hermanos, entregó toda su vida, prácticamente desde niño, al servicio de las antiguas Empresas Públicas Municipales de Cartagena. Líder sindical destacado, luchador de causas nobles, como debe ser, y defensor de los menos favorecidos.

Sin derechos laborales y sin derechos sindicales no hay justicia social, eso está claro desde Hammurabi y lo volvió a enseñar y lo ratificó magistralmente el papa León XIII en su revolucionaria encíclica Rerum Novarum. No voy a detenerme entonces ahora en diatribas inútiles señalando a tantos sinvergüenzas, de lado y lado, que se han prestado para ahondar la brecha a lo largo de nuestra sufrida historia. Goyo ha sido, y sigue siendo ahora como representante de los pensionados de su querida EPM, un paladín, un adalid que lucha en solitario en favor de sus representados, porque se cumplan los postulados pactados, no obstante la desaparición jurídica de la entidad.

Los derechos se respetan, así de sencillo, y esa es la lucha que aún libra Goyo, día a día, carta a carta; solicitud va y solicitud viene, con poca atención de los gobiernos locales. Quizá, creo yo, el doctor Diego Otoya, gerente liquidador de las EEPPMM en el gobierno de Judith Pinedo, fue el último funcionario que le prestó atención a Goyo.

Mientras tanto, Goyo no se cansa y sigue su lucha, tan difícil como simple: que se cumpla lo acordado, él no pide más, tampoco menos. Pero parece que no hay alcalde que le interese el tema, porque ni siquiera le abren la puerta para que exponga el asunto cara a cara en audiencia formal con quien tiene el poder y el deber de oírlo...no es más, solo oírlo. Digo yo.

“Pero parece que no hay alcalde que le interese el tema, porque ni siquiera le abren la puerta para que exponga el asunto cara a cara...”.

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