Han pasado once años de aquella tragedia, ya olvidada por algunos, cuando el fenómeno de la Niña dejó el nivel de vida de las personas por debajo del nivel de las aguas.
Con aquel desastre natural desaparecieron las condiciones de vida, las relaciones de vida, los medios de vida y si había algo de calidad de vida fue arrasada por la ruptura del canal. Una niña de solo nueve años nos dijo: “Nada va a ser igual... todo va a ser mejor”. Otros nos dijeron: ¡Adaptación al cambio climático!
Vinieron los estudios; las obras de infraestructura; las acciones de mitigación; nuevos bienes públicos; intervenciones sociales y comunitarias; acercamientos institucionales y diálogo social con las comunidades y actores. Llegamos a un acuerdo de nación: El Proyecto de Restauración de los Ecosistemas Degradados del Canal del Dique.
Quienes fuimos testigos de la ruptura del canal y hemos escuchado y dialogado con el territorio, creemos que el proyecto sí responde a los desafíos que tienen las comunidades de Atlántico, Bolívar, Boca Cerrada en Sucre, la Bahía de Cartagena y el Parque Corales Islas del Rosario. No ha sido fácil concertar con el Gobierno, con los entes territoriales, académicos, empresarios y comunidad. Dos han sido los buenos propósitos: Comprender de qué se trata y qué alcances tiene el proyecto, así como evitar que se repita la tragedia mediante la sostenibilidad ambiental del ecosistema. Hacerlo será una tarea permanente de pedagogía social.
¿Por qué no nos damos la oportunidad, con el diálogo y discernimiento necesario, de hacer la justa valoración de los beneficios sociales para las comunidades, ambientales para todo el territorio y comerciales para los transportadores, teniendo claro que estos beneficios, desde sus orígenes, han sido inherentes a esta hidrorruta y al Río Grande de la Magdalena por su importancia en la conectividad de Colombia con el mundo a través de la bahía de Cartagena?
¿Por qué no nos preguntamos, todos, con la debida humildad, en qué nos hemos equivocado para que, después de once años, se siga alejando el horizonte de las soluciones? ¿Cómo hacer para que las promesas del señor presidente y palabras escritas de la señora vicepresidente se conviertan en certezas que nos llenan de esperanza?
El tiempo corre y el proyecto se hace complejo en su viabilidad financiera, asfixiante en lo territorial por las resistencias de aquellos a quienes les conviene que nada funcione, e incierta en lo político. ¿Para los representantes y senadores de Bolívar este proyecto es una prioridad?
Enterrar este proyecto tendrá sus costos: político para el gobierno y dirigentes; económico para los empresarios; el ecosistema natural será más vulnerable; desesperanza para las comunidades y, la bahía de Cartagena perderá su vocación original. Recordemos a Francisco en la Laudato Sí, # 161: “Las predicciones catastróficas no pueden ser miradas con desprecio e ironía”.
*Director del PDP Canal del Dique.
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