El pasado viernes falleció el padre Dionisio Navarro Hidalgo, sacerdote misionero del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), perteneciente a la diócesis de Sigüenza y quien en el 2016 viajó por última vez a su tierra natal para celebrar sus 50 años de vida sacerdotal.
Recién ordenado sacerdote es enviado a la misión en Guatemala. Luego irá por unos tres años a California en USA. En el año 1974 llega a Colombia para estudiar pastoral catequética en el CELAM, en la ciudad de Medellín.
Finalizados sus estudios es acogido, entre nosotros, por Monseñor Rubén Isaza Restrepo y se vincula a la Fraternidad Franciscana Cristiana, pequeña comunidad conformada por el padre Lauro Negri, carmelita Italiano, las hermanas María Eugenia Belandia (q. e. p. d.), Anita Gámez (q. e. p. d.), Miriam Lopera y Lucía Rendón, religiosas de clausura que, habiendo dejado su convento, decidieron permanecer con el evangelio en sus manos acompañando a los más pobres.
Con esta pequeña comunidad, de hermanos y hermanas, permanecerá toda su vida. Será su familia y el espacio seguro que llenará de sentido su vocación misionera en su clara opción por el evangelio de Jesús compartido y vivido con los pobres.
Su primera obediencia fue en las comunidades de Malagana y Palenque. Obediencia que asume juntamente con la fraternidad. Cuidan pastoralmente del pueblo afro, forman sus jóvenes y crean el colegio José Antonio Galán.
Más tarde el equipo misionero de la Fraternidad será enviado a la parroquia de la Inmaculada Concepción de Marialabaja donde permanecerán por ocho años trabajando en la evangelización. Promover el campesinado, organizar a los jóvenes, empoderar a las mujeres e incidir en la orientación de los proyectos educativos institucionales, les traerá problemas y no pocas dificultades. No faltaron los señalamientos y la persecución. El padre Dioni, como coordinador del grupo y siguiendo los consejos de la prudencia, decide tomar aires nuevos y piden ser acogidos en la diócesis de Socorro y San Gil donde estarán por 6 años desarrollando su trabajo evangelizador.
Regresarán a Cartagena en 1994. El padre Lauro lo hará a san José obrero en Arjona, mientras el padre Dioni atenderá, por un año, la parroquia del Sagrado Corazón en Escallón Villa. De monseñor Carlos José Ruiseco reciben, más tarde, la obediencia de formar la comunidad del barrio El Paraíso, en Turbaco. Allí llega el padre Dioni con la fraternidad y partiendo de cero se dan, con el tiempo, tres momentos muy importantes a los que les dedicó los últimos años de su vida: se forma la comunidad, el señor arzobispo crea la parroquia y nace el Centro Social San Javier.
En la Iglesia de Cartagena reconocemos que el testimonio misionero del padre Dioni, en medio de las dificultades, ha sido pasión por el evangelio y fuente de alegría y esperanza para todos. Sus obras lo acompañan.
*Director del PDP Canal del Dique.
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