La acción comunal es una expresión social organizada, autónoma, multiétnica, multicultural, solidaria, defensora de los Derechos Humanos, la comunidad, el medioambiente y la sociedad civil, cuyo propósito es promover la convivencia pacífica, la reconciliación y la construcción de paz, así como el desarrollo integral, sostenible y sustentable de la comunidad, a partir del ejercicio de la democracia participativa; además hunde sus raíces en el corazón de la cultura ciudadana, en la construcción de tejido social participativo y nos permite ser constructores de nuestro propio desarrollo integral.
La Ley 2166 del 2021 tiene por objeto promover, facilitar, estructurar y fortalecer la organización democrática, moderna, participativa y representativa de la acción comunal en sus respectivos grados asociativos y a la vez, pretende establecer un marco jurídico para sus relaciones con el Estado y con los particulares, así como para el cabal ejercicio de derechos y deberes. Así mismo, busca prever lineamientos generales para la formulación, implementación, evaluación y seguimiento de la política pública de acción comunal, sus organismos y afiliados, en el territorio nacional, desde los objetivos del desarrollo humano, sostenible y sustentable. Expresión recogida del espíritu antropológico e histórico de las JAC hace 64 años, cuando esta recibe reconocimiento jurídico a través de la ley 19 del 1958 en su artículo 22.
Si las ramas del poder público y ciudadanía en general reconocen todos los atributos de las Juntas de Acción Comunal, bien podríamos construir un plan pedagógico de cultura ciudadana, que permita formar a las nuevas generaciones en cada uno de los rincones del territorio de nuestra querida heroica, ciudadanos con sentido de pertenencia por las comunidades, para pasar de habitantes disfuncionales a familias participativas en la construcción del desarrollo integral con valores y arraigo cultural.
Este plan debe contener líneas estratégicas enmarcadas en la antropología e historia de nuestros barrios y sus habitantes, con el propósito de valorar los esfuerzos de nuestros atesores y poder corregir en el presente, aquellos desaciertos humanos cometidos, afianzar la pertenencia y orgullo del ser cartagenero sin demeritar su lugar de origen; que enseñe la diferencia entre un crecimiento desordenado y un desarrollo humano y territorial planificado, lo más importante, construirlo con la participación de otros grupos representativos de valor.
Invito a las Juntas de Acción Comunal, entidades gremiales de carácter privado, a los entes gubernamentales y por ende a las comunidades cartageneras, a unificar esfuerzos e implementar un plan de cultura y valores ciudadanos a través de la acción comunal como expresión de la sociedad civil organizada y planificada, para que Cartagena salga de la crisis de liderazgo y la posición fallida en que está sumida por intereses gamonalistas e individualistas.
Es necesario recuperar la confianza de la ciudadanía en los organismos de Acción Comunal, afianzar la cultura ciudadana a través de los valores y el sentido de pertenencia y con seguridad tendremos excelentes relevos generacionales, comprometidos y dispuestos a transformar la actual crisis en oportunidades convenientes para todos.
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