En amena tertulia con Roberto Carlos Martínez y Pico Azuero conversamos sobre el libro Historia de la Restauración del Teatro Heredia, escrito por Alberto Samudio. Pico, con 99 años, provisto de envidiable memoria, conoció a los conserjes perpetuos del teatro, Juan “Canche” Fortich y Cata Pájaro, a quienes menciona Samudio en su libro. Conversando con ellos recordaron que él quería hacer un encuentro de boxeo allí. Pico retó al campeón puertorriqueño Francisco “Coloncito” García, quien al conocer que Pico había ganado todas las peleas por KO en el primer asalto, se hizo el enfermo y no quiso venir.
Tenía una pegada demoledora, no hago mención de varios cartageneros que lloraron después de recibir una puñera de Pico. Ni quiero casar camorra ahora que hasta los viejos se están dando puño por cualquier cosa.
El libro de Samudio es una obra de valor histórico, por cuanto no solo da a conocer la extraordinaria restauración realizada por él, sino diferentes procesos llenos de dificultades y escasez de recursos. Relaciona a las entidades, gobernantes, profesionales y artesanos que contribuyeron en esa quijotesca empresa. Moisés Álvarez, en el prólogo, habla de cuatro actores en la vida del teatro: Núñez, Henrique L. Román, Luis Felipe Jaspe y Alberto Samudio. Nos recuerda cómo Samudio le ha dedicado su vida profesional a obras de restauración en la ciudad, con toda su alma y corazón de cartagenero a prueba de balas. Resulta admirable la pericia de carpinteros, talladores, herreros, quienes saben darle los tonos dorados a pequeñas piezas, contando con el talento artesanal y la magia propia de los genios.
Roberto Carlos y Pico recordaron ver al maestro Grau pintando el plafón de la platea sobre un andamio de 15 metros de altura a sus 78 años de edad, y portando cuello ortopédico a causa de una lesión cervical. Acertó Samudio al invitarlo para que le diera esplendor al cielo raso y el telón de boca del escenario con una obra para la posteridad. Lo hizo con maestría y generosidad con la ciudad. Esa que tanta falta les hace a los gobernantes.
Samudio en el libro alerta que el teatro se está deteriorando, “cómo parece ser su trágico destino”. Produce recursos y debería ser el más importante centro cultural de la ciudad. Qué tristeza da Cartagena, decíamos al leer el prólogo de Moisés, y al ponernos a pensar que de seguir así tendremos que llevar al teatro nuestra propia silla y unas velas para alumbrarnos. Pico a sus 99 años está indignado, quiere recoger fondos para mantener el teatro y dice estar dispuesto a ponerse los guantes allí o en la plaza de La Aduana, como en la época de Peyeye. Pronto sonará la campana.