En entrevista al diario El Universal, el presidente Gustavo Petro, apoyándose en cifras del DANE, llamó a Cartagena la “Ciudad del hambre”, pues de cada diez cartageneros, siete no comen las tres comidas. “Del hambre provienen todos los males de una sociedad”, sentenció.
Señaló el primer mandatario que la ciudad es la capital con mayor nivel de pobreza en Colombia, con el 47% de la población en pobreza monetaria y el índice de desigualdades más alto en 2 décadas.
Hace pocos años, los economistas Adolfo Meisel y Jhorland Ayala elaboraron para el Banco de la República un estudio denominado ¨Cartagena libre de pobreza extrema en el 2033¨, que ha sido objeto de análisis en universidades y centros de pensamiento, considerándose como el instrumento idóneo para la atención de esta vergonzosa situación.
La pobreza y el hambre son partes de un mal mayor como es la desigualdad y la falta de oportunidades, que afectan inaceptablemente a nuestra sociedad, cuya solución es tarea de todos.
En columnas anteriores y en escritos dirigidos al profesor Meisel y al alcalde Dau, propuse un modelo integral para combatir la pobreza en la ciudad, con una fórmula para financiar su erradicación consistente en utilizar la propiedad inmueble del Distrito en Tierrabomba y el cobro del impuesto predial entre otros tributos. Esta isla tiene una extensión de 1.984 hectáreas, es decir, 19 millones 840 mil metros cuadrados. De esas hectáreas, 375 + 0636 metros cuadrados, o sea, 3 millones 750.636 metros cuadrados, son del Distrito (todas en poder de particulares), que hoy no produce un peso para las arcas distritales. El resto de los terrenos pertenecen a la Armada Nacional y el Consejo Comunitario de Caño del Loro y el resto están ocupados por particulares.
Mientras esas tierras no producen tributariamente, en Tierrabomba, Punta Arena, Caño del Loro y Bocachica, a escasos kilómetros del continente, habitan cartageneros en inaceptable miseria, precaria salud y educación, sin agua potable, azotados por la droga y la prostitución.
Si todo el valor presupuestado por la venta de sus terrenos y el cobro de los impuestos se calcularan a 20 años y se trajeran a valor presente, se obtendrían los recursos necesarios para atender la erradicación de la pobreza. En el pasado, el Distrito ha recurrido a este mecanismo, por ejemplo, para financiar las obras del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado.
Por eso, es hora de que Cartagena deje de ser la ciudad del hambre. Aprovechemos la decisión del presidente Petro y propongámosle convertirnos en un piloto a nivel nacional en la lucha contra el hambre.
El pasado 12 de agosto envié con mayor detalle esta propuesta al presidente Gustavo Petro, teniendo en cuenta que uno de los ejes de su programa de gobierno es el de atacar frontalmente la pobreza.
Realmente no se entiende por qué Cartagena, pudiendo enajenar esos multimillonarios activos inútiles en Tierrabomba, mantiene indolentemente a su población en pobreza.
