Desaires, reconocimientos y sorpresas deja la cartera de Defensa del presidente Gustavo Petro, generando una inmensa incertidumbre para el futuro que le depara a las Fuerzas Militares y de Policía en los próximos cuatro años, incluyendo sin sabores y en otros casos, hasta advertencias que avivan la polémica nacional sobre el nuevo gobierno.
La no asistencia del presidente al reconocimiento del alto Mando Militar y de Policía, programados para el 16 de agosto, fue tomado como uno de los mayores desaires a la Fuerza Pública jamás documentado, considerado una falta de respeto hacia los generales y almirantes nuevos comandantes. Excusas se presentaron, desde manifestar ocupaciones para atender reuniones privadas, hasta informar por el propio presidente dolores estomacales.
Finalizado el fin de semana, se concluyeron los reconocimientos y la transmisión de mando, iniciado por el nuevo ministro de Defensa, Iván Velásquez, y posteriormente se dio paso a los nuevos comandantes, comandante General, del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
Las sorpresas estuvieron a la orden del día. La primera y quizás la de mayor impacto estuvo a cargo del mayor general Henry Sanabria, nuevo director de la Policía, que en el momento de su posesión se acompañó de decenas de personas civiles, nacionales y extranjeros, a quienes llamó como “testigos” y presentando su sable, se dirigió hacia el primer mandatorio diciendo: “... he tomado el mando de la Policía Nacional de Colombia, ara mantener las condiciones necesarias en el ejercicio del derecho y de las libertades públicas, asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz, asegurar igualmente el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares... busco una sola cosa, cumplir la Constitución y las Leyes de la República...”. Esto es ¡postura policial!
Para finalizar las sorpresas, el presidente anunció nuevas políticas, para construir un “Ejército de Paz”, con mayor participación para industrializar, creando empresas como Satena. Planteó ajustes para que un soldado o un hijo de un campesino pueda ser general, lo cual no es nuevo, porque ya ha sucedido, y finalizó este paquete de sorpresas, indicando que él no es solo su comandante en Jefe, sino su hermano. En conclusión, esperemos que no haya más desaires desde Palacio de Nariño hacia los “hermanos” de las Fuerzas Armadas. De destacar, la postura del nuevo director de la Policía, que advierte al presidente trabajar bajo el principio de las libertades públicas. Y para estar muy atentos, el seguimiento a la transformación del Ejército a un ejército de paz. ¿Cómo será eso en un país como el nuestro que está lleno de criminalidad por todos lados?
