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Cartagena es el destino turístico preferido para Navidad, Fin de Año y Año Nuevo, según revelaron las autoridades. Se estiman que más de medio millón de personas visitarán la ciudad en estas fechas. Pese al sinnúmero de escándalos este año por abusos y otros factores, Cartagena fue escogido como el mejor destino turístico de bodas, destino más romántico de Suramérica, mejor destino líder cultural de Suramérica, y Puerto de cruceros líder de Suramérica, en otros reconocimientos que la catapultan como el lugar privilegiado de Colombia para visitar.

Estos títulos se los gana por el esfuerzo de los empresarios del turismo, de quienes trabajan directa o indirectamente de esta actividad que por años han dado una lucha incansable para tener estos resultados. El encanto de la ciudad es único y frente a ello no hay duda que tiene todo para brillar; sin embargo, cabe la pregunta si a las autoridades locales les importa trabajar para preservar y seguir consolidando el destino.

Realizar una boda en Cartagena requiere una inversión de US$500.000, un promedio de $2.000 millones, una cifra que a cientos de personas en el mundo les parece atractiva y deciden realizar la celebración del matrimonio en la ciudad. ¿Quién paga esa suma tan para que le digan que la fiesta se termine a la 1 de la mañana? El decreto 1688 del 9 de diciembre de 2022 regula el funcionamiento de establecimientos de rumba, incluyendo a casas de alquiler de eventos, salones de recepciones y fiestas sociales.

La medida que regula la rumba dejaría sin empleo a más de mil personas, en su mayoría jóvenes. Hay destinos que pueden resultar igual de atractivos y que fácilmente están en la capacidad de acaparar todo este dinero.

No es posible que mientras las cifras nos indican que en Cartagena urge acciones para formalizar la economía, el alcalde de la ciudad se dedique a complacer un colectivo que usando la supuesta protección del patrimonio, solo saque su propio provecho. Si lo que quieren es regular, empiecen por hacer respetar las normas urbanísticas. El uso del suelo es la clave para ponerle orden al funcionamiento de establecimientos, y si se quiere proteger el patrimonio, cuántas de estas casas boutique y hoteles que exigen paz y silencio en el Centro tienen legalmente la facultad para funcionar. Cuántos tienen piscinas en la azotea (que es ilegal), cuántas han modificado y afectado las fachadas. Seguramente son muchas y no les pasa nada. Pero lo que importa es complacer al rey de las hamburguesas, pues poco importa si el cartagenero de a pie se muere de hambre. Aunque bueno, tocará dedicarse a cazar pájaros para ponerlos en algún lugar, y así la secretaria del Interior consigue clientes con su operador de turismo y se logra emprender con el “turismo de aves” que según ella es lo que deja recursos. Unos alcatraces, mariamulatas y pelícanos, serían un buen punto para partir. Cartagena se desmorona y solo vemos el capítulo de cada día.

“No es posible que mientras las cifras nos indican que en Cartagena urge acciones para formalizar la economía...”.

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