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China: lugares comunes y prejuicios. Respuesta a una columna

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Agradezco a El Universal permitirme responder una opinión publicada el 6 de diciembre por Alfredo Ramírez Nárdiz, quien debido a las protestas en algunas partes de China por inconformidad de un pequeño grupo con la política de COVID cero, publicó una columna llamada ‘Protestas en China’. No ahondaré en su análisis de si China superará o no a EE. UU. como primera potencia económica, pero debo recordarle que lo atípico en la historia es que sean naciones como Inglaterra o EE. UU. las que lideren la economía global; China desde la antigüedad la lideró y dejó de serlo hace poco más de 200 años; de hecho, como dato interesante, en la época de mayor riqueza del Imperio Romano, los cálculos dan cuenta que el PIB de este rozaba el 10 por ciento del PIB global y el de la China de entonces, el 20 por ciento. Tampoco ahondaré en su poco informada afirmación de que en China ha habido una “pésima gestión del COVID”, porque hay sólidos estudios, contundentes empíricamente, de destacados científicos, que indican que lo adecuado ha sido implementar la política de cierres –recomendación seguida por el PCCh–, ya que de lo contrario se producirían 120 millones de casos sintomáticos, 5 millones de pacientes en UCI y más de 1,5 millones de muertes, lo que llevaría al límite al sistema de salud chino (este estudio puede consultarse en Nature (https://www.nature.com/articles/s41591-022-01855-7). A lo que sí referiré y juzgo como un prejuicio derivado de la arrogancia demoliberal noratlántica que parece defender el precitado, es a su afirmación de que la libertad como él y los noratlánticos la conciben es el rasero de todas las culturas y civilizaciones. Empiezo recordando que Sartori en su obra ‘Democracia Cosa é’ señala que esas ideas demoliberales que vivifican la relación individuo-poder político, no tienen ningún tipo de raíces en África, países árabes o Asia, a lo que sumo para el caso de China que la relación persona-poder político tiene una legitimidad mucho más profunda que la demoliberal, por cuanto esta nación alcanzó su unidad política en el siglo III a. C., considerándose así misma como una civilización, por lo que hoy el PCCh, el Partido-Estado, es el heredero indiscutido de los glorias de un Imperio milenario, siendo por tanto este, más que un Estado-Nación, un Estado-Civilización.

El Estado en China no es visto como un intruso que amenaza la libertad, sino como el portador y guardián de una civilización autoafirmada en su propia valía. Por ende, es un lugar común, poco informado, la satanización de toda civilización no demoliberal en términos modernos, a pesar de que, esas ideas vienen cada vez más en retroceso en un mundo cada vez más multilateral como lo muestran el G2O, la Organización de Cooperación de Shanghái y las cumbres China-África y China-Países Árabes.

*Miembro de la alianza de amistad colombo-china.

“El Estado en China no es visto como un intruso que amenaza la libertad, sino como el portador y guardián de una civilización...”.

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