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La Navidad y los fines de año son por lo general, momentos de distensión, unión familiar y alegría. Es un tiempo en el que los más idealistas hacen mapas de sueños en lindas carteleras en las que se visualizan exitosos, con carro, casa y viajes; otros de acuerdo con sus creencias, oran para que el nuevo año venga lleno de bendiciones, y los más prácticos hacen sus proyecciones mentales dando por hecho que todo será mejor.

Diciembre es un mes con un aura esperanzadora, en el que así estés empapelado de trabajo, preso en gastos, en trancones, estás feliz y lleno de energía para enfrentar el agite de los últimos días; las reuniones familiares, los planes con amigos, las deliciosas comidas. Pero luego, llega enero... el mes de la verdad. Después de los primeros días en los que nos sentimos en un diciembre extendido, reponiéndonos, con algo de cansancio, unos kilos de más, volvemos a la realidad y a la rutina.

En enero es cuando somos conscientes de los aumentos en las cuotas de los préstamos, la comida, la medicina prepagada, el colegio de los niños, las tasas de interés...

Y aunque en el 2022 ya habíamos tenido luces de lo que se vendría, puesto que todo había venido subiendo de precio aceleradamente, nunca nos hubiésemos imaginado lo que estamos viviendo en el país con la inflación más alta de este siglo: 13,12%.

Esto traducido a palabras castizas significa que si no trabajas en un lugar donde recibas un ajuste al menos proporcional con el IPC, el dinero ya no te alcanzará para el mercado. Quizás ya no podrás consumir tres proteínas al día, no podrás comer tan frecuentemente en restaurantes (ni corrientazos ya que subieron hasta en un 30%), que te tocará hacer tu propio racionamiento de energía en casa (en Bolívar el costo de la luz se elevó en un 35%), que ese viajecito que soñabas tendrá que esperar (se anunció un aumento entre el 30% y el 40% para tiquetes aéreos este año).

El elevado aumento en los precios representa una pérdida de la capacidad adquisitiva del dinero, lo que se traduce en que este poco a poco perderá su poder de compra. Esto no solo afectará el consumo, sino que generará un fuerte impacto en las empresas, su estructura de costos, intenciones de inversión, expansión, etc. Todo esto terminará siendo un golpe bajo a la capacidad productiva y nos llenará de más incertidumbre y para muchos, deseos de huir del país.

No pretendo ser ave de mal agüero, quiero ser realista ante la situación que vivimos. Esto es un llamado: 1. A las empresas a ser cautelosas, pero sobre todo a garantizar el empleo, pues de lo contrario sería mucho peor el panorama. 2. A la prudencia económica de los ciudadanos, incluso a la creatividad. Si tienes un talento, considera montar un emprendimiento, invierte (ojo, documéntate bien en qué), intenta ahorrar al menos el 20% de tus ingresos... no pongas todos los huevos en la misma canasta.

Solo llevamos 13 hojas de este libro llamado 2023. Es momento de proyectar nuestro año y tomar decisiones para hacerlo más llevadero y tener un fin de año feliz... como todos, a pesar de cualquier cosa.

*Comunicadora Social. MG en Gestión de Organizaciones. Asesora de Comunicaciones y Mercadeo.

“El elevado aumento en los precios representa una pérdida de la capacidad adquisitiva del dinero, lo que se traduce en...”.

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