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Esta expresión que tal vez todos conocemos tiene muchas aplicaciones en diversas ciencias, desde la Física hasta casi todas las Ciencias Sociales, y se refiere a esos procesos en los cuales una persona aprende o se comporta en un grupo imitando o reproduciendo los comportamientos que ve, pues asume que son gratificantes para el grupo y en tanto no haya sanciones o rechazos, se percibe que son aprobados.

Este comportamiento va generando identidad y reconocimiento y a su vez va dando lugar a una forma de cohesión social, que va fortaleciendo mecanismos de solidaridad y pertenencia. Este comportamiento empieza con el círculo más cercano a la persona y se va ampliando a quienes considera su grupo o con quienes comparte alguna actividad productiva, comunitaria o social, y así se va construyendo un consenso social, que se va expandiendo y fortaleciendo en la medida en que va siendo aprobado por la colectividad o por lo menos no sancionado social o culturalmente.

Lo que ocurre es que en las ciencias sociales este fenómeno es descrito como un mecanismo positivo y cohesionador de grupos y comunidades, y lo que a mí me preocupa es que en nuestra ciudad estamos viendo cada día y con más fuerza lo contrario, esto es, avanzamos en una sociedad con claras expresiones de deterioro, debilitamiento y destrucción de aquellos elementos que nos permiten reconocernos como ciudadanos, donde una serie de valores se van olvidando y diluyendo y por lo tanto produciendo en lo colectivo una sensación de frustración, de impotencia y dejadez. Cada día vemos que la violación de las normas de tránsito las hacen todos, la destrucción de tinacos de basura se ve como algo común y aceptado, desconocer los derechos y la dignidad de las personas en instituciones públicas es corriente, saltarse las filas, colarse en el sistema de transporte masivo; utilizar armas blancas y aun de fuego para robar en cualquier momento, incluso a niños, se va haciendo común y relativamente aceptados por todos;, algunos conductores de motos y carros empezaron a utilizar el pito para llamar a sus posibles usuarios y hoy lo hacen casi todos, algunos piensan que el pito de su vehículo es el acelerador del carro de adelante y así sucesivamente hemos venido creando unos ambientes de irrespeto, subvaloración del otro, desconocimiento de la autoridad y de las jerarquías.

El resultado es una ciudad que ve desmoronar sus mecanismos de identidad y de sentido de pertenencia, de destrucción de los factores de cohesión social, de pérdida de los referentes culturales que nos daban un sentido frente a la vida y al mundo, y en este marco seguimos como fichas de dominó viendo caer aquello que nos daba certeza y confianza en nuestro entorno. Lo grave es que existen comportamientos desde la administración pública que tienden a estimular y reforzar estos comportamientos corrosivos de las relaciones sociales. ¿Será que podremos detener y revertir este proceso?

*Sociólogo

“En nuestra ciudad estamos viendo lo contrario, esto es, avanzamos con claras expresiones de deterioro, debilitamiento y destrucción de...”.

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