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Una de las enseñanzas más valiosas que nos dejó la pandemia de COVID-19 es la necesidad de contar con un sistema educativo más flexible y abierto a las tecnologías. Se trata de implementar una educación distinta a la tradicional, que use la tecnología y aproveche el mayor acceso a información que esta permite, que esté diseñada para ayudar a aprender y no para evaluar la inteligencia, y en la que docentes y estudiantes trasciendan el recinto escolar.

Este concepto de escuela abierta a las tecnologías utiliza estrategias de enseñanza que combinan medios no digitales con tecnologías digitales. Por lo tanto, requieren nuevas competencias en sus docentes que, además, deben estar comprometidos con la innovación educativa. Una forma de hacerlo es a través del uso permanente de nuevos recursos didácticos.

Esta nueva concepción de la escuela propone, además, ampliar los espacios de aprendizaje, gestionar los recursos digitales con el uso de plataformas y facilitar el aprendizaje más allá del centro escolar. Esto significa que las iniciativas y esfuerzos para crear modelos de educación en línea deben tener lugar para así promover el desarrollo de escuelas adaptables, flexibles y resilientes.

Por una parte, ante estos retos la Unesco ha apoyado el desarrollo de una serie de modelos de escuelas abiertas digitales, como parte de su estrategia para la transformación digital de la educación. Esto no solo permite avanzar en la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), sino que también sirve para transformar los modos de acceso universal al aprendizaje. Y, por otra, se debe actualizar y mejorar la formación profesional de docentes para que cuenten con la capacidad de diseñar experiencias de aprendizaje más ricas y robustas, y para que a través de estrategias didácticas motiven a sus estudiantes.

Se trata de un docente que, más allá de impartir y explicar una serie de contenidos sobre una materia, despierta el interés y motiva a los estudiantes a través de numerosos recursos didácticos: la naturaleza, objetos, celulares, juegos digitales y no digitales, o aplicaciones. Es este un aprendizaje basado en proyectos reales, donde los aprendices disfrutan.

La transformación educativa implica entonces un cambio en la mentalidad de todos los miembros de la escuela. Es una apuesta por un cambio cultural y por nuevos métodos de trabajo que aprovechen al 100% la digitalización.

Esto implica una actitud abierta al cambio, inteligencia emocional y capacidad para adaptarse a un entorno flexible y cambiante.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Decano de la Facultad de Educación, UTB.

“La transformación educativa implica entonces un cambio en la mentalidad de todos los miembros de la escuela. Es una apuesta por un cambio cultural y por nuevos métodos...”.

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