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Columna

Sobre un editorial

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Como si fuera poco la zozobra, angustia y desesperanza en que nos encontramos los colombianos de bien por los acontecimientos de los últimos meses por causa del desgobierno actual, con tanto funcionario de todo nivel, incompetentes unos, ignorantes otros y malas personas algunos, proponiendo proyectos para acabar con nuestros recursos, salud y hasta con nuestra democracia, me encuentro hoy con un editorial de El Universal, el diario de mis afectos, que echa flores al reciente fallo de la CIDH que condena al Estado colombiano por el exterminio de la UP.

Es duro ver cómo el glorioso diario de López Escauriaza desde su máxima tribuna alaba, apologiza y loa el infame pronunciamiento de la CIDH que condena a Colombia sin fundamento jurídico serio, como es lógico suponer, y de un plumazo y sin pudor alguno, engaña a la comunidad con argumentos sofistas e insidiosos y sentencia que el Estado colombiano es culpable del “exterminio” de la UP. Vaya vocablo. Exterminio solo había sido usado por los jueces de Nuremberg para describir el holocausto Nazi. ¿Qué tal?

Es terriblemente desconcertante el haberme encontrado con semejante editorial, además del dolor, rabia y tantos sentimientos negativos que ha causado en mi alma, la que ya con 72 abriles ha visto bastantes cosas. Pero ahí tenemos una más. Vivir para ver...

¿Qué ha habido abusos? Seguramente que sí, no tengo duda de ello, que quede claro; de un lado y de otro. Pero de ahí a sentenciar que una organización, partido o movimiento, de la tendencia que fuera, todas respetables, con gente buena y no tan buena en sus filas, como en todas las organizaciones, movimientos y partidos -no es ese el tema ahora- haya sido exterminada por el Estado colombiano, es una afirmación que para pronunciarla se necesita tener arrestos, agallas y, creo yo, irresponsabilidad y hasta mala intención.

Que la CIDH pronuncie un fallo o resolución sesgada o contraevidente más, vaya y venga, es lo que en opinión de muchos tiene por costumbre esa “corte”. Lo que no entiendo es por qué tiene jurisdicción en nuestro país.

Tampoco entiendo que El Universal le haga apología, le dé bienvenida y acoja dicho adefesio como una sentencia salvadora y justa. Eso, parafraseando a un inolvidable personaje, es algo que sobrecoge mi espíritu y embarga todo mi ser de una profunda e infinida tristeza.

Además, me deja absolutamente desconcertado que se regocije porque al fin de cuentas los contribuyentes, incluido el editorialista, debamos pagar esos platos rotos y justifique el malhadado fallo como “...consecuencia de la pasividad culpable de gobiernos que ven pasar la sangre de tantos colombianos...”.

No hay derecho, amigos de El Universal...

“Que la CIDH pronuncie un fallo o resolución sesgada o contraevidente más, vaya y venga, es lo que en opinión de muchos...”.

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