“El caos no es un foso, es una escalera...”. Petyr Baelish
Una de las secuencias televisivas más exitosas de todos los tiempos ha sido Game of Thrones, duró ocho temporadas, fue inspirada en la serie de novelas “Canción de hielo y fuego”, escrita por George R. R. Martin y en ella se narran los vericuetos de siete reinos imaginarios que se disputan el poder absoluto. Estas historias suelen ser comentadas en muchas reuniones e incluso, a veces se han tomado como guía de interpretación de los fenómenos político-sociales y sus estratagemas.
En nuestras contiendas electorales y en los constantes pulsos por hacerse al poder, de alguna manera se ve reflejada la mítica producción, pues en aquella se evidencia el juego de inteligencias decantado sobre el tablero de una sociedad compleja. Uno de los personajes más importantes y enigmáticos es Varys, conocido como La Araña, El Eunuco o el señor de los susurros; desde niño fue castrado y luego de una vida llena de peripecias en la que fungió como mendigo y ladrón, terminó acaudalando una gran riqueza fruto de su inteligencia y astucia, pero, sobre todo, porque aprendió el “arte” de conseguir y manejar la información, la que consideraba más valiosa que el oro y las gemas.
Llega a los entramados políticos como consejero de rumores, tenía la habilidad de conocer lo que se decía con especial certeza, era obsequioso, taimado e inescrupuloso, tenía claro que el conocimiento es una fuente inagotable de negocios y sobre todo, que era posible engañar a las masas, incluso, sobre el lugar donde se encuentra el mando, por eso dijo: “El poder reside donde los hombres creen que reside, es un truco, una sombra en la pared”, su ambición y osadía ilimitada lo hicieron sobrevivir en posiciones privilegiadas de reino en reino, aquello se reflejó en su lapidaria frase: “Los plebeyos que probamos el poder somos como el león que ha catado al hombre, nada volverá a ser tan apetecible” y, en búsqueda de esa potestad justificó hacer cosas viles por el bien general.
Su personalidad se alejaba de la lealtad, era vengativo y se lamentaba por no poder olvidar una ofensa, su descripción más real fue una pregunta: “¿A quién no le gusta ver fracasar a los amigos de vez en cuando?”; justamente el fracaso se lo achacó a los deseos y las pasiones, su condición de asexual lo alejó de aquel mal: “Cuando veo lo que el deseo hace a las personas me alegra mucho no participar de eso, la ausencia de aquel aporta libertad para perseguir otras cosas”. Y, es verdad, las tragedias de quien en ascenso anda, muchas veces son producto de los impulsos pasionales.
Es increíble ver cómo en nuestro país pululan las arañas que envenenan con susurros. El juego de tronos es real, un espejo fiel de lo que vivimos día a día. Somos presa fácil del poder en su doble vía.
Pd: Varys muere incinerado por el símbolo del poder, el fuego del dragón.
*Abogado.
