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Columna

La Paz que quiero

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“Los indígenas tradujeron el Artículo 11 de la Constitución: ‘Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente’. Si nos aprendemos este artículo, salvamos este país”: Jaime Garzón.

Lejos de la retórica de la paz, donde la ausencia de conflictos es un camino o al menos una posibilidad, la construcción de paz es un proceso más complejo, que requiere trasformaciones desde las personas, desde las comunidades y bases sociales, es decir va de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo a manera de decreto, ley, política pública. Las verdaderas trasformaciones son con y para las personas.

Paz implica sistemas educativos con la capacidad para acoger a todos los niños, las niñas, a los adolescentes y a los jóvenes; brindarles el acompañamiento necesario para reducir sus vulnerabilidades, cerrar los indicadores de deserción, erradicar las violencias en el aula, deconstruir el modelo de la escuela como un escenario aversivo u hostil. Una sociedad en paz, tiene escuelas y territorios educativos capaces de sanar las heridas de la infancia y la juventud.

Una sociedad en paz tiene un sistema de justicia fortalecida, donde los funcionarios y las funcionarias tienen las competencias, las capacidades y los recursos necesarios para facilitar el acceso de las víctimas a la Justicia, siendo también capaz de garantizar los derechos de las personas investigadas, sin sesgos de opinión, sin estigmatizar, como una justicia objetiva, sensible, neutra y ética.

En una sociedad en paz no hay espacio para la corrupción, para utilizar los escenarios públicos como oportunidades personales, para comprar conciencias, fallos, amigos y vidas.

Las familias acogen a sus miembros, protegen, alivian los dolores, construyen los cimientos fundamentales y básicos para las nuevas vidas y para las vidas en desarrollo, son capaces de promover modelos de crianza humanizada, habiendo sanado sus propios dolores, sus deudas históricas y generacionales.

Una sociedad de la paz, tiene un sistema de atención integral, donde la salud no es un privilegio, ni un negocio lucrativo, sino un derecho fundamental, donde los profesionales trabajan en condiciones dignas, salaros justos, con los recursos tecnológicos y las capacidades instaladas para brindar un servicio adecuado, eficaz, eficiente el trato que los pacientes y usuarios del sistema requieren, merecen y reclaman.

Una sociedad en paz garantiza un sistema de pensiones digno, brindando seguridad a las personas de mayor edad, considerándoles como sabios y sabias, como personas valiosas, no desecha a sus mayores, por el contrario, en una sociedad de la paz se enseña el valor de envejecer y se admiran los saberes ancestrales.

Una sociedad en paz, no está exenta de conflictos, todo lo contrario, los conflictos son oportunidades de crecer y las diferencias son riquezas que afianzan las construcciones y procesos. Ante la presencia de conflictos, las sociedades de la paz crecen, no utilizan mecanismos coercitivos ni violentos para resolver diferencias, sino que aprenden y construyen de manera colectiva tejido social y aprendizajes conjuntos.

Una sociedad en paz, está conformada por personas capaces de perdonar y de perdonarse, capaces de creer y tener fe en la humanidad. Una sociedad en paz es de todos los colores, de todos los idiomas, de todas las culturas, de todos los matices y de todos los tamaños, nadie sobra, todos y todas ponen para construir de acuerdo a sus capacidades, y todos y todas reciben de acuerdo a sus necesidades.

La paz no es utopía, ni retórica, ni palabra, ni promesa, la paz es un proceso que inicia con el permanente compromiso ético de mantenernos donde quiere que estemos, siempre íntegros hoy y siempre.

Instagram: @m.escallon_psicoforense

Directora Corporación Eirene Caribe

Página Web: http://eirenecaribe.org

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