De acuerdo con agencias meteorológicas a nivel mundial, existe una probabilidad mayor al 50% de que para la segunda mitad de este año tengamos la reaparición de El Niño, un fenómeno climático global asociado con un incremento de la temperatura en el océano Pacífico oriental ecuatorial, lo cual está ligado a cambios severos en diversas variables climatológicas, especialmente en los regímenes de lluvias. Aunque los eventos climáticos varían con la región, en Colombia el Niño suele manifestarse con una disminución de las precipitaciones, con las consecuentes sequías en gran parte del territorio.
La pregunta es: ¿estamos preparados para un Niño? Supongo que de las lecturas diarias que hacen nuestros concejales para mejorar la condición de la ciudad, este tema debería llamarles la atención y al menos motivarlos a hacer las respectivas consultas. Preocupa que aún en el epílogo de una Niña, es decir, más lluvias de lo usual, hayamos tenido racionamientos de agua debido a la aparición de algas. Este no es un tema menor, y es prioritario que la empresa prestadora del servicio de agua potable cuente con un Plan B, y claro, un C y un D, por si acaso. Mirar en detalle el impacto de las obras contratadas del Dique sobre el abastecimiento de agua a Cartagena, en un escenario como el que se avecina, es necesario y nada ha sido dicho, hablen ahora.
Los que estarán felices son los invasores y destructores del manglar de la ciénaga de Tesca. Desde viveros hasta casas de múltiples pisos están siendo edificados sobre este recurso natural inalienable, sin la más mínima consideración o acción por parte de las autoridades ambientales y de policía. Tan pronto el Niño apriete, ya veremos islas gigantescas sobre la ciénaga, un manglar casi seco, lleno de basuras y susceptible de quema, justo lo necesario para eliminarlo y seguir construyendo o haciendo pozos para criaderos de animales. Ni hablar de los incendios forestales alrededor de la ciudad, lo cual impactará negativamente la maltrecha calidad del aire que respiramos.
La desecación de la ciénaga por la inclemente sequía, fomentada además por el gusto sentido al arrojar basura a los caños o a la calle, solo para convencernos de que somos los más puercos del Caribe, traerá la desaparición de los peces en este cuerpo de agua. Sucederá algo similar a lo vivido por los pescadores de Lomarena en 2016, cuando cientos de miles de peces yacían pudriéndose en el fondo seco de la ciénaga del Totumo y no hubo nada de liga. Ojalá me equivoque y lo escrito no sea más que el reflejo de pesadillas noctámbulas derivadas de la impotencia al ver como la destrucción domina la razón.
*Profesor.