Colombia: ‘Tierra de milagros’. Contra todos los pronósticos, el pasado 9 de junio, cuatro niños indígenas fueron rescatados por las Fuerzas Especiales del Ejército, después de 40 días y sus 40 largas noches perdidos en el corazón de la selva de Caquetá y Guaviare, dejando mensajes de esperanza y solidaridad, recordándonos que, cuando se trabaja en equipo, el sol brilla para todos.
Lesly (13 años), Soleny (9 años), Tien (4 años) y Cristin Norimar (12 meses), sobrevivieron en la jungla repleta de animales salvajes y salieron ilesos, bebiendo agua lluvia, consumiendo manjares vegetales gratuitos, protegidos por la inmunidad innata y saberes ancestrales de la ‘Pacha Mama’.
“¡Milagro, milagro!”, gritaba la indeclinable tropa de 120 militares y 72 indígenas culminando la ‘Operación Esperanza’ con el mismo fervor que dispensarían a sus hijos, desde el mismo instante que la avioneta tipo Cessna, de matrícula HK 2803, se estrelló el 1 de mayo de 2023 en la selva con siete personas a bordo: tres adultos que fallecieron con el impacto, y cuatro niños sobrevivientes en brazos del ‘Ángel de la Guarda’, aseguran los creyentes; “de la Guerrilla”, certifican los escépticos.
Efímera tregua entre Caín y Abel, izquierdas y derechas, invitando a dejar en remojo odios, rencores y escuchar a los ‘Niños Sabios’, herederos de nuestros indígenas, discriminados como seres inferiores, despojados de libertades y territorios, hoy, ¡quién lo creyera!, la cara amable, inteligente, recursiva y berraca de los colombianos ante los ojos del mundo. Orgullo de patria, los soldados de la Vigésima Segunda Brigada Selva del Ejército Nacional: “No se dieron por vencidos ni aun vencidos”, junto a la pequeña tropa de caninos encabezada por Wilson, pastor belga malinois, que utilizando superpoderes olfativos, auditivos, inteligencia suprema y musculatura de acero, rescatan seres humanos sin importar su origen ni la magnitud del cataclismo.
Sin embargo, la euforia del reencuentro no puede borrar los gemidos silenciosos de millones de niños y jóvenes colombianos anónimos, asesinados por la desnutrición –el sida de los pobres-, convertidos en mulas de carga, violados y abandonados en los pretiles, presos en cinturones de miseria, selvas de cemento y hormigón, acechados, no por caimanes, anacondas, víboras, tigres y tarántulas, sino por bestias humanas, mercaderes de conciencia electoral, sanguinarios e insaciables engendros de la impunidad, corrupción e indiferencia que nos carcome.
Quizás por eso, el intuitivo ‘Héroe de cuatro patas’ afronta encrucijada en su alma: quedarse a vivir, por siempre, en la jungla al lado de su compañera sentimental, perrita criolla, muy fértil y afectuosa, por cierto; o aceptar las ofertas de los viudos del poder, quienes en ausencia de genuino liderazgo en sus camadas, a la espera del “golpe blando”, le apuestan a ‘¡Wilson presidente!’.