Usted no va a recibir un paraíso encantado; entendemos la magnitud del reto al cual tendrá que enfrentarse por mandato de la democracia; no será fácil armar el andamiaje de una administración estropeada al máximo por sus antecesores, pero, creemos en su vocación y en su preparación y, creemos, además, que en Cartagena no se ha acabado la gente de buena voluntad.
La andanada de males que hacen tambalear nuestras esperanzas es multifacética y va desde la forma en que se han atendido los servicios públicos como obligación de primer orden, hasta la vergonzosa forma en que se ha manejado la cultura, pasando por las falencias en manejo del espacio público, la atención a vías urbanas y rurales y pare de contar, por cuanto “la pena es honda” y ni quien recoja nuestras congojas.
Para comenzar por lo último haremos referencia a la cultura, que no es como la entienden muchos un embeleco de desocupados para pasar el tiempo.
La cultura es sin duda la inasible forma de recuperar nuestro entorno, de dar validez a nuestros valores, de recuperar el caudal de consistencias que nos entregaron los ancestros, de recuperar eso que las gentes llaman identidad y que se pierde con la misma facilidad con que se pierde la honra.
Y aún cuando muchos no quieran entenderlo, la cultura puede ser camino abierto en la búsqueda de la subsistencia, por cuanto hay una pléyade de hombres ilustres que intentan vivir de la música, de la literatura, de la pintura y de las artes plásticas, que requieren la presencia de estímulos oficiales.
Hoy, cuando los mandatos de la electrónica copan la modernidad programática, es obligación perentoria dotar a las bibliotecas de elementos acordes con los últimos avances tecnológicos, donde el internet y los mandatos de la cibernética alternen con los valores de la palabra escrita.
Finalmente, anotamos recuperar y dotar el Centro de la Comida Caribeña para la construcción de un complejo artístico, cultural, e histórico definida bajo una ruta turística que permita concentrar las labores de muchos ciudadanos con la sensibilidad del alma y sean pilotos de la transformación y neutralización de la intolerancia promovida por la dejadez, la pobreza la falta de ocupación hallándose coincidencialmente los restos de un asentamiento y rescatemos ordenadamente con paso lento pero seguro el mestizo, el afro y el indio caribeño que hicieron brillar sus cuerpos con la blancura de la palabra y la decisión de la solidaridad .
Por ello, señor Alcalde, es indispensable pensar en la espiritualidad del ser humano para materializar las obras físicas.
Estas fueron muchas líneas de mi suegro Antonio Botero que pregonaba que el usara un pincel o expresara una poesía tenía que tener mucho en la vida.
*Concejal de Cartagena.
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