La más reciente urgencia con la actualización de las licencias de conducción ha dejado mal parados tanto a los cartageneros como al Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte (DATT). Múltiples episodios ponen en entredicho la eficiencia de la entidad pública y la civilidad de los ciudadanos.
La creciente ola de solicitudes de refrendación del documento que otorga la posibilidad de circular en autos o motocicletas provocó que aumentara la demora para cualquier trámite en cualquier oficina del DATT. La que ya era una operación ineficiente demostró que las cosas sí pueden, en cualquier caso, empeorar. Como resultado, largas horas de espera —en ocasiones bajo el inclemente sol cartagenero— estaban a la orden del día. La paciencia pasó a ser toda una virtud para los conductores de la ciudad.
Como si eso fuera poco, dado que la atención se hace por orden de llegada, es frecuente ver el surgimiento de un mercado muy particular: la compra y venta de cupos en la fila de ingreso a las instalaciones del DATT. Un jugoso caldo de trampas y coimas causado por terceros que hace que no pocos ciudadanos se acerquen a esas oficinas sin conseguir el propósito de renovar su licencia de tránsito. A pesar de que el mismo Departamento dispuso un espacio para realizar una jornada móvil de renovación de licencias, el esfuerzo no parecía ser suficiente. Pocos días antes de la fecha límite, aún quedaban cerca de 47 mil documentos sin ser renovados.
Para lograr tal renovación, los conductores deben presentar el certificado de examen físico, mental y de coordinación motriz para conducir, incorporado en el Registro Único Nacional de Tránsito (Runt). El certificado es emitido por alguno de los Centros de Reconocimiento de Conductores (CRC) habilitado por el Ministerio de Transporte, que también vieron (y aún ven) cómo colapsan sus instalaciones por la alta demanda.
Con este obstáculo adicional los conductores deben esperar una cita que en ocasiones tarda semanas en llegar y, mientras, circulan corriendo el riesgo de ser multados por conducir con la licencia vencida. El desparpajo de los infractores se agudiza cuando son sorprendidos por algún agente de tránsito o luego de ser detenidos en un puesto de control, pues osan con agredir verbal o físicamente a funcionarios que cumplen con su labor al asignar la multa correspondiente. El civismo empieza por cumplir la norma y continúa al reconocer con modestia que se está cometiendo una infracción.
Qué poco provechoso es para la movilidad de Cartagena que ni sus ciudadanos ni la principal entidad de control de tránsito logren hacer las cosas de la mejor manera posible.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor de la Escuela de Negocios
y del IDEEAS, UTB
