Columna

La muerte, la templanza y la fuerza

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Orlando Díaz Atehortúa
01 AGO 2023 - 03:44 PM

“Un carácter templado para la adversidad; sereno en la lucha y magnánimo en la victoria ..., un alma recia para no embotarse en los dardos de las perfidias, un gran espíritu de sacrificio y una alta conciencia del deber”. Hipólito Yrigoyen

El tarot tiene setenta y ocho cartas, creen en algunas personas que te pueden ayudar a descubrir algunas situaciones que te depara el destino, aunque para muchos, este es inexorable. Cincuenta y seis cartas corresponden a los arcanos menores; se le agregan otras veintidós, los arcanos mayores, estas representan, en símbolos, unos conceptos, que se conocen también como triunfos.

Comenzaremos por “la fuerza” que significa fortaleza interior, coraje, y dominio de los impulsos. “La templanza”, se apuntala en la armonía, la moderación, autocontrol y equilibrio en todas las circunstancias que se nos presentan. Por último, “la muerte” en el tarot, la mayoría de las veces, no es en forma física o material, puede significar un cambio de vida o de trabajo o convocarnos a terminar una relación, para empezar otra. Es decir, a esta carta no se debe tener miedo, como bien decía Epicuro “la muerte es una quimera, porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, no existo yo”.

Que no suene espantoso lo que voy a relatar, le sucedió a un amigo Ingeniero, este fin de semana, fue contactado, vía telefónica, por un tal “Carlos Pérez” para que realizará unos planos y dirigir la construcción de una casa, más allá del Municipio de Villanueva, Bolívar (zona montañosa), bajo la promesa de pago de una considerable de dinero, le solicitó que le diera el número de cédula, para ir elaborando el contrato. Así las cosas, emprende camino nuestro compañero, coge su carro, “Carlos” siempre estaba comunicado con él, en cierto momento y cuando ya el Ingeniero estaba en una zona boscosa y desierta, le mencionó que su vehículo se había averiado. Le pidió que siguiera por esa trocha, que finiquitaba en un lugar donde lo iba a atender su mayordomo.

Le entra una nueva llamada al profesional, de un sujeto que tenía un timbre de voz, en extremo hosca y con palabras groseras, le grita: “somos de la Autodefensas Gaitanistas de Colombia, usted acaba de violar tres de nuestros retenes de guerra, sin permiso, por tanto, se hizo acreedor a una multa de quince salarios mínimos legales vigentes (diecinueve millones quinientos mil pesos). Tiene una hora para recoger esa suma dineraria y depositarla si no su vehículo será incendiado y usted ajusticiado”. Le preguntó su gratuito enemigo, el nombre de un familiar y el Ingeniero le suministró el abonado telefónico de su progenitora, quien también es contactada por el delincuente, pero ya en triangulación, es decir, en conferencia telefónica con el profesional, la madre del citado y el incógnito comandante, último que le reseña a la atemorizada señora, que su hijo estaba retenido, por violar sus controles y que requería que en menos de cuarenta y cinco minutos, le recogiera la cantidad ante dicha y se los depositara a una cuenta.

Siempre se mantenía el cuento al profesional, que habían más de veinte hombres alrededor del carro y dos francotiradores, que no apagara su teléfono, si no se vería abocado a sufrir las consecuencias, que ya los compañeros de lucha estaban llegando al sitio para requisarlo y le reiterara que no apagara el teléfono.

Tratando el día de hoy este tema, con mi apreciado amigo Luis, Juez de Garantías, me relacionó que él había tramitado un caso similar al expuesto, pero que variaba un poco, en vista que un constructor, si había sido materialmente secuestrado, varios individuos lo amenazaron con armas, se comunicaron con la familia, reseñándole que si no pagaba una gruesa cantidad de dinero, picaban el cuerpo del ciudadano y se lo enviaban en una caja, en este último caso, si enviaron fotos del asustado retenido, sus manos amarradas con lazos, el terror se reflejaba en su rostro.

Se recuerda, tanto en la historia del juez, como ésta, el lugar era el mismo, zonas completamente solitarias, a veces con lluvia, en ambos casos se acercaba el anochecer, a los familiares les decían cual era la placa del carro, el número telefónico del profesional y donde vivía, en la última escena, se exhibían fotos, es decir, una situación en extremo preocupante. En el teléfono del extorsionista, se oían otras personas que hablaban de quema de buses, ajusticiamientos y pedidos de otras multas. El joven ingeniero, aterrorizado, logró enviar su ubicación y en vista que nadie lo requisaba y que no llegaba el tal “Carlos”, emprendió la huida. Todavía el malnacido comandante le gritaba por teléfono que no se moviera que los francotiradores lo tenían en la mira, cuando nuestro querido amigo ya hacía más de media hora había pasado por el Municipio de Villanueva, buscando su libertad, que nunca había sido arrebatada.

La familia, tuvo la valentía de llamar al Mayor Julián Cañas, adscrito al Gaula “un ángel” que conocía de sobra lo que llaman “la extorsión psicológica”, lo primero que preguntó es si los delincuentes habían mandado alguna foto o video del Ingeniero, era obvio que no. En la semana, narraba el oficial, que, si grupo conocía más o menos de diez a doce de este tipo de casos, por lo general lo realizan desde las cárceles, delincuentes condenados a más de veinte años de prisión (no tienen nada que perder) que consiguen fácil, por intermedio de algunos corruptos guardias, adscritos al Instituto Penitenciario Carcelario: celulares, chips de los operadores telefónicos, etc. En fin, este oficial le dio un parte de tranquilidad a los padres del joven profesional, que no pagaron un peso por este terrorífico y demencial acto delincuencial. Decía el oficial que este tipo de delitos, se incrementa día a día.

Para terminar entonces, las cartas del tarot nos enseñan sobre la fuerza y la templanza, que tenemos que tener para asumir unas situaciones tan delicadas como las narradas, claro que nos da miedo, es lógico que nos dé pánico. La pregunta es ¿está usted preparado para vivir una película de terror de este tipo?

Uno de los más analíticos libros, que nos trata sobre el miedo, es el de “los cuatros gigantes del alma” (Emilio Mira y López): “Entonces el hombre- niño o adulto, varón o mujer, sano o enfermo- empieza a sufrir uno de los más siniestros efectos de este gigante; el denominado “miedo imaginario” contra el cual poco puede hacer, pues la razón – fría, lógica, pero neutra- es importante ante los efectos deletéreos, velocísimos, ágiles, cálidos y sutiles de la fantasía pavorosa. Por una extraña paradoja, cuanto más irreal, o sea, cuanto menos prendido de la realidad- presente y concreta. Es un temor (imaginario) tanto más difícil es combatirlo por el mero razonar de un sano juicio. Y ello explica por qué hasta los más alerosos guerreros, capaces de lanzarse al descubierto contra una muralla de fuego o de lanzas, retroceden despavoridos ante la sospecha de un enemigo ingrávido e invisible. Es así como los “muertos” asustan más que los vivos”; los “fantasmas” angustian y torturan a las mentes ingenuas mucho más de lo que un bandido de carne y hueso; en suma: lo que no existe acongoja más que lo que existe. Sería, sin embargo, injusto negar existencia a eso que no existe, en el sentido corriente del término, pues la verdad es que existe en la imaginación, o sea, creado por quien lo sufre y, precisamente por esto, no puede huir de ello, pues sería necesario huir de si mismo para lograr zafarse de su amenaza”

Ofrezco disculpas por esta columna tan truculenta, me vi en una obligación moral y social de publicarla, nadie esta a salvo que le suceda un suceso tan horripilante como el que acabamos de describir.

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