Hace algunas semanas llegó a Colombia uno de los pocos buques experimentales que existen con tecnología eólica de rotor, que ayuda a reducir las emisiones de CO2. Esto es un verdadero progreso, pero todavía se está analizando su verdadera eficiencia. El buque cuenta con tres cilindros rotatorios a lo largo de su cubierta, que, usando la fuerza del viento en altamar, ayuda a generar menor resistencia de avance; esto se traduce en un correspondiente ahorro en el consumo de combustible y por lo tanto, en emisiones de CO2. Varios detalles por aclarar: el ahorro esperado es de aproximadamente un 15%, y los cilindros necesitan una velocidad mínima del buque de 12 nudos, los cuales, necesariamente, deben generarse con la propulsión tradicional.
Algunos vehículos eléctricos que se comercializan en Colombia vienen con una autonomía de 450 kilómetros. Aparte de habladurías, nuestros gobernantes han hecho poco para mejorar la infraestructura vial y prepararla para lo que significa la tenencia de vehículos eléctricos sin peligros para los usuarios, es decir, calles y carreteras libres de huecos, piedras, inundaciones y charcos y una buena regulación y disponibilidad de electrolineras. Esta problemática local se une a la incertidumbre sobre disposición de las baterías inutilizables.
China, ahora que nuestro presidente estuvo por allá debió darse cuenta, está construyendo cientos de plantas termoeléctricas y su gobierno ya anunció que solo suspenderá esta inversión cuando pueda garantizar la seguridad energética para el resto del siglo de sus 1.800 millones de almas, lo que se estima alcancen en el 2030. Estas plantas tienen una vida útil de unos 40 años, por lo que solo hasta bien entrados en la segunda mitad del siglo podríamos estar viendo su desuso masivo.
Las baterías solares disponibles actualmente no son suficientemente potentes como para alimentar una casa y la regulación de venta de energía sobrante no es atractivo aún para inversionistas residenciales. Hay además limitaciones de área y ubicación sobre todo en zonas de alta densidad. Las baterías solares se vienen perfeccionando desde hace unos 30 años, y todavía no llegan a la confiabilidad que necesitamos.
Estos son apenas unos pequeños ejemplos del porqué a ese tema tan de moda de la transición energética le falta una caminata de aquí a Marte hasta que empecemos a ver resultados sin empobrecernos. Ya hay un cálculo del costo que representaría para Colombia llegar al compromiso adquirido en el Acuerdo de París. No se apresuren nuestros dirigentes por estar en la foto de los primeros disciplinados, porque de nada servirá mientras la economía de nuestro ya precario bienestar retrocede medio siglo, y el nuevo mejor amigo de Petro se pasa París por donde sospechamos.
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