Madrid era una fiesta. El 31 de octubre fue un día histórico para el mundo hispano. Desde antes del amanecer, vimos los solemnes actos de la jura de la Constitución Española por parte de Su Alteza Real, la Princesa de Asturias. Fue emocionante ver llegar a Doña Leonor de Borbón y Ortiz al Congreso de los Diputados en un auto diferente al de sus padres, con el techo de cristal, y en compañía de la infanta Sofía, su hermana. Delante de ellas iban, en otro auto, sus majestades, los reyes.
Al descender de los emblemáticos vehículos, la Familia Real saludó a las autoridades civiles y militares y procedió a ubicarse en el podio. Las notas del Himno de España nos permitieron apreciar la austera elegancia de los miembros de la familia, especialmente de Doña Leonor, quien lució un sencillo traje de chaqueta blanco que resaltaba su augusta belleza.
El interior del hemiciclo estaba repleto y sus palabras resonaron como un poema: “Juro desempeñar fielmente mis funciones. Guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes. Respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas. Y fidelidad al Rey”. Después del juramento, la presidenta del Congreso de los Diputados dio por terminada la cesión: “Las Cortes Generales acaban de recibir el Juramento que Vuestra Alteza ha prestado en cumplimiento de la Constitución como heredera de la Corona. Viva la Constitución. Viva España. Viva el Rey”. Volvió a sonar la Marcha Real ante un recinto emocionado que ovacionó de pie a la Princesa... ¡durante cuatro minutos! A partir de ahora está habilitada como heredera y puede suplir al Rey, en caso de ausencia.
Del Congreso de los Diputados la Princesa se dirigió al Palacio Real, donde le fue impuesto el Collar de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, la condecoración civil más importante del Reino de España. El significativo acto tuvo lugar en el Salón de la Orden, presidido por un retrato de SM Carlos III de España (1716-1788) y fue propuesto por el Presidente del Gobierno y sus ministros. Una vez impuesto el Collar Real, la Princesa de Asturias tomó la palabra, se comprometió aún más a servir a su país y concluyó así: “Me debo desde hoy a todos los españoles, a quienes serviré en todo momento con respeto y lealtad. No hay mayor orgullo. En este día tan importante –que voy a recordar siempre con emoción– les pido que confíen en mí, como yo tengo puesta toda mi confianza en el futuro de nuestra Nación, en el futuro de España”. Posterior a estas palabras, la familia real se dirigió al Salón del Trono donde recibió el saludo de mano del Presidente, ministros, presidentes de las Comunidades Autónomas, expresidentes y otros invitados especiales, incluyendo a funcionarios y periodistas. ¡Larga vida y acierto a nuestra Princesa!
