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Columna

Lección de noviembre

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No son pocos los cartageneros que durante las Fiestas de Independencia suelen huir de la ciudad. Vacaciones, viajes o visitas a algún pariente son planes que con frecuencia se prefieren por encima del disfrute de las festividades que por estos días tuvieron lugar en La Heroica.

Poco más de dos siglos han transcurrido desde que Cartagena se zafó del yugo español. El primer grito de independencia, el 11 de noviembre de 1811, lo ha elegido la ciudad para celebrar su libertad y engalanarse con colores, gozo y disfrute. Durante la semana, los bailes, la música y el vestuario (trajes, disfraces, máscaras, entre otros) se elevan en representación de la tradición carnavalera y patriótica de la fiesta.

La Avenida Santander cierra sus puertas al tránsito automotor para darle paso a “El Bando”, en el que participa un sinnúmero de comparsas y grupos de baile que relucen con su talento y energía, y también las candidatas al Reinado de Independencia, quienes además encarnan un liderazgo comunitario.

Desde hace varios años el Comité por la Revitalización de las Fiestas de Independencia trabaja arduamente para reformar la manera en la que la celebración tiene lugar. El “bando” —para muchos la máxima representación de la cultura local— pasó a llamarse “Desfile de Independencia” y ahora lo antecede una agenda mucho más organizada y nutrida con los preludios, conocidos popularmente como “gozones”, que tienen lugar desde septiembre en barrios de la ciudad.

No obstante, las crisis no han sido ajenas a las fiestas. A la batalla que se libra por su inclusión en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, se suman los lunares persistentes que descansan en los hombros de quienes no reconocen los conceptos de celebración y de cultura.

Los preludios improvisados y no autorizados por el gobierno local culminan a menudo por las riñas y llamadas a la línea de emergencia de la Policía. La inseguridad está a la orden del día en algunos sectores y la alegría se expresa erróneamente. Con un escenario así es fácil explicar la baja asistencia al Desfile de Independencia de este año y encontrar los motivos que hacen que muchos cartageneros prefieran huir en estas fechas.

La lección es apenas evidente: durante las Fiestas de Independencia es imperativo que a la celebración la acompañe la educación cultural y la cultura ciudadana. El Plan Especial de Salvaguardia (PES), obligatorio ante la eventual inclusión en esta lista, merece toda la atención local y nacional para conducir por avenidas adecuadas el invaluable mar festivo que nos identifica.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor, Escuela de Negocios, UTB.

“Durante las Fiestas de Independencia es imperativo que a la celebración la acompañe la educación cultural...”.

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