La llegada del 2024 estuvo acompañada por la posesión de los gobernantes locales de cada ciudad y departamento. Para los cartageneros, esto significa que el año se inicia con una invitación a pensar no solo en nuestras propias metas y propósitos, sino también en la expectativa que se genera sobre la gestión político-administrativa de la ciudad.
Cartagena espera desde hace mucho tiempo una buena administración local. Los problemas que aquejan a la ciudad persisten aun después de los cambios y ajustes en las alcaldías de la ciudad y de sus localidades, de las promesas que los ciudadanos hemos escuchado en las pasadas campañas y de los planes de gobierno que período a período suelen quedar inconclusos.
Es positivo que en estos primeros días de enero se haya visto a un alcalde muy activo. Luego de su posesión, ha tomado cartas en asuntos críticos, como la prostitución y trata de personas en el Centro Histórico y los problemas con el sistema integrado de transporte público masivo Transcaribe. Sin embargo, por lo que se lee en su plan de gobierno, se prevé que también ataque problemas de larga data vinculados con la movilidad y la infraestructura, la educación, la salud, la cultura, el deporte, la seguridad, el turismo, el empleo y la pobreza, y algunas más.
Los retos con los que se topa este nuevo alcalde no son menores: la movilidad en Cartagena se ha visto colapsada por una oferta insuficiente de nuevas vías y, por cuenta de la tasa de homicidios intencionales por cada 100 mil habitantes, la ciudad entró recientemente al ranking de las 50 más violentas del mundo. Por ello, aunque no hay cabida para soslayar alguno de estos flancos que se prevén abordar, los más urgentes parecen ser aquellos de seguridad e infraestructura y movilidad.
En ese sentido, priorizar los recursos es imperativo. También se requiere dejar atrás los escollos que genera la visión de corto plazo que siempre hemos tenido, caracterizada por tirar al traste todo lo que hacen las administraciones anteriores y dar inicio a acciones nuevas cada cuatro años. La continuidad de planes e ideas exitosas a lo largo de múltiples administraciones ofrece un muy provechoso entorno de estabilidad, sobre todo cuando se trata de temas como la educación, la salud, el deporte o la cultura.
Cartagena comienza un nuevo año con un nuevo alcalde, pero con viejos problemas. Esperemos que, a diferencia de lo que ha venido sucediendo en el pasado, los ciudadanos sí veamos en esta ocasión acciones contundentes para solucionarlos.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor de la Escuela de Negocios
y del IDEEAS, UTB.
