Columna

El poder de una idea: 370 años al servicio del país

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JUAN SALVADOR VARGAS DÍAZ
22 FEB 2024 - 11:45 PM

A mi cohorte, con cariño. Hoy dedicaré esta columna a una de las instituciones corporativas más sólidas y antiguas de nuestro país: la Colegiatura de la Universidad del Rosario, fundada en 1653 con el claustro académico en la entonces capital del Virreinato, institución a la que me honra pertenecer y, en este texto, reseñar.

En términos modernos, podríamos decir que la Colegiatura es uno de los órganos de gobierno corporativo del Rosario –junto a la Rectoría y la Conciliatura, su junta directiva–, compuesta por 15 estudiantes designados por sus calidades y consagrados por el Presidente de la República, patrono de la Universidad, para participar en la dirección del gobierno universitario, aportar a los proyectos más relevantes y elegir a su rector y su junta, estableciendo una gobernanza autónoma de los poderes políticos y religiosos de la época, encaminada al bien común. Quizá parezca inverosímil, pero desde hace más de 370 años, desafiando lo establecido, el fundador del Rosario confió tal responsabilidad a un grupo de estudiantes. Además, su ideal consolidó una institución dedicada a la formación de proyectos de vida al servicio del país, cuna de la República, gestora del humanismo y la ciencia, del movimiento de la Séptima Papeleta, y casa de los más importantes líderes, próceres y educadores. Posicionada como una de las mejores en Colombia y América Latina y líder en investigación, innovación, sostenibilidad y desarrollo.

Es un sistema extraordinario que merece, por lo menos, dos grandes reflexiones.

Una, sobre el rol de los jóvenes en la Colombia del siglo XXI y nuestra capacidad para liderar la construcción y conservación de las instituciones, dinamizándolas y renovándolas para responder a los grandes retos sociales, económicos y ambientales. Con rigor, la Colegiatura del Rosario ha demostrado que confiar en una juventud dedicada al servicio y el reconocimiento del otro, con humanismo y diálogo desde la educación, es una apuesta realmente efectiva.

Y una segunda, sobre el liderazgo. La Colegiatura fue diseñada para colaborar, desde la autonomía, con todos los estamentos académicos y corporativos del país; con los faros del bien común y un servicio carente de protagonismos o divisiones. Esa vocación es indispensable para la toma de decisiones en un mundo moderno. Debemos dar un paso hacia la serenidad, el tecnicismo y el diálogo sensible, que en este siglo se ven amenazados por las redes sociales, las llamadas ‘burbujas digitales’ y los discursos de odio.

Como decía, pertenecer a esta institución es el mayor de los honores para mí. Reseñarla en tan pocas palabras es casi imposible; pero valga este artículo para reflexionar sobre el liderazgo en tiempos difíciles y dimensionar el poder que tienen, como en este caso ha sido demostrado, desde 1653, las buenas ideas.

“Pertenecer a esta institución es el mayor de los honores para mí. Reseñarla en tan pocas palabras es casi imposible; pero valga este...”.

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