Son raros los días sin congestión vehicular en la Avenida del Lago y la Pedro de Heredia a la altura de Bazurto. Este problema, así como los olores nauseabundos en los alrededores de la Ciénaga Las Quintas, son temas recurrentes en las conversaciones sobre nuestro mercado, siendo poco aludido cuando hablamos de sostenibilidad para la ciudad. Muchos cartageneros derivan su sustento de actividades comerciales relacionadas con el sitio, pero, a fin de cuentas, los políticos no tienen ni el interés, ni la determinación para contribuir a su transformación en un volcán de oportunidades tanto para comerciantes como para clientes. Aunque nos acostumbramos a la imagen actual del mercado, insistir en mejorar es un deber y una necesidad. Bazurto puede convertirse en un escenario de convivencia, turismo, recreación, bienestar, encuentro y abastecimiento de víveres. No obstante, corresponde a los protagonistas internos tomar la batuta. No veo salida distinta a que las fuerzas vivas del mercado aúnen esfuerzos para convertirse en un modelo de negocio extraordinario y ejemplo, no para la ciudad, sino para sus hijos. Ha habido esfuerzos institucionales por evolucionar, pero no ha sido posible. Propongo que las cosas ocurran en sentido opuesto, que sea el mercado el que inicie el proceso y recurra a las autoridades para consolidarlo. Hay muchas cosas por hacer, y aquí menciono unas sugerencias respetuosas. Lo primero es preguntarse si queremos cambiar. Si la respuesta es no, ni pensarlo. Por el contrario, si decidimos mejorar, podríamos empezar por encontrar un modelo, un mercado público a usar como referencia para soñar, algo intermedio, tal vez el de Belo Horizonte en Brasil. Tiene un tamaño similar al nuestro y está en el centro de la ciudad, cumple regulaciones sanitarias brasileñas y posee sus propios estándares de limpieza e higiene, de forma regular realiza eventos culturales y dedica espacios a varias formas de arte, entre muchas otras características de un lugar con bienestar para la gente. Establezcan una comisión y visítenlo, hablen con los locales y comparen sin tapujos y con la mente abierta. Ubiquemos las palabras sostenibilidad y sentido de pertenencia en cada actividad del mercado. Sería esencial organizar el comercio contiguo a las avenidas, premiar y divulgar iniciativas de economía circular, crear rutas temáticas asociadas con alimentos, instaurar un café de marca, mapear la posibilidad de crecer hacia arriba con arquitectura e instalaciones modernas, incluir a los caños y humedales como prioritarios para acciones de desarrollo sostenible, entre muchas cosas más. Al final, si ustedes así lo deciden, Bazurto podría convertirse en el imán turístico del país, todo está en las ganas de devorarse ese reto.
*Profesor.
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